Crónicas

Overkill: la aplanadora del Thrash volvió a la Argentina

Anoche Overkill pisó nuevamente Buenos Aires, con una visita que presentó su último trabajo de estudio, “Scorched”. Fue una noche impecable para aquellos fanáticos del verdadero Thrash Metal, de ese que azota rápido sin melosidad, directo al hueso, sin nada de tibieza. La velada comenzó partiendo cabezas al ritmo de Hamvides y Pucará IA-58. Además, contamos con la visita de uno de los fundadores de Megadeth, David Ellefson, quien acompañó a la banda en suplencia de D.D. Verni. Una noche absolutamente memorable.

Hambre, Vicio, Desolación: Hamvides

Eran las 19 cuando las puertas se abrieron. Mal pronóstico aquel del clima exterior, y poca gente cuando entro a una de las mecas del Metal en nuestra ciudad: el Teatro Flores. Acertado el horario establecido por California Sun Producciones, de estirar hasta casi las 20 para que, siendo día de semana, hubieran más asistentes al comenzar la velada. Es que a veces se hace difícil llegar en pleno horario pico en el hormiguero de la Ciudad. No obstante, a las 19.45 puntuales, salen los integrantes de Hamvides al escenario.

 ¡Qué pesado! es lo primero que se me vino a la cabeza. Ese Thrash Metal bien agresivo, grave, rápido, y con más densidad que el plomo. Tienen casi 30 años de carrera, ¡apenas les saco un par en vida! Vienen tocando y escabiando lo que yo llevo respirando. Cuánto heavy había en el aire, sonaba tan pesado que a mis colegas, a quienes tenía a ambos lados, no los escuchaba. Me gritaban en el oído, y entre sorbos de fernet, me reía, porque era imposible hablar. Lo único que se podía hacer, era escuchar a estos cuatro monstruos, que le estaban pegando a los instrumentos, haciendo que, aunque fuera para 60 personas, el Teatro Flores temblara como si fueran los titulares de la noche. 

Pucará, el emblema del combate under

Para las 20.30 salió Pucará. La emblemática, aquella que lleva el nombre de los IA-58. Así salen, al frente con todo. No hay cuartel para achicarse con esta banda. El Teatro Flores se estaba colmando, no estaba lleno aún, pero eran cientos de asistentes presenciando el arranque de “Matando en nombre de Dios”. Recuerdo cuando los ví el año pasado junto a Whiplash, entre puteadas, del público, de la banda, de los colegas. Les cortaron un micrófono, les cambiaron el orden de salida al escenario casi sin previo aviso, tocaron sin luces. “A los que hacen las cosas bien, no les ponen luces”. Recuerdo esa frase del momento, y río. Acá la cosa fue distinta. Puntuales, con luces, espacio en el escenario y sonido al palo.

Más rápido que Hamvides, sonaban azotadores, como una ráfaga de 7.62mm en pleno vuelo rasante. Casi sin pausas, sin dar respiro a los oídos de los asistentes, dieron una clase de Thrash Metal argentino. Y no solo con temas propios. Cerraron con “A Lesson in Violence” de Exodus, y se fueron con coros de “¡Pucará! ¡Pucará! ¡Pucará!”

Overkill, el Big One del Thrash Metal

Se hacen las 21 horas, ya casi estamos. Ahora sí, el Teatro está lleno. No está sold out. Es comprensible, por la situación económica, la altura del mes, y la semana monstruosa de recitales que afronta nuestra ciudad. Volteo, porque estoy pegado a la valla, y veo un gran espacio detrás, aquel ocupado por el mosh-pit. Falta media hora y ya está preparado, que manija. La guardia metalera está expectante. Hay latas y vasos aplastados, no faltan esos pequeños surcos de alcohol volcado entre la gente. A medida que van entrando los últimos devotos de riffs azotadores, más se arriman hacia el frente. 

Comenzaron las pruebas de sonido, a telón abierto. Los tiempos estaban justos, no había mucho margen para probar. Un par de ajustes, solamente, y los últimos se hicieron a oscuras, al mismo tiempo que las luces se apagaban y el ambiente se preparaba. La turba enardecida, proclamaba por la mejor banda de Thrash Metal americano. Suena la intro y entra Jason Bittner. Lo siguen Dave Linsk y su invitado de lujo, David Ellefson, en reemplazo de D.D. Verni.

El grupo se completa con Derek Tailer para dar inicio a “Scorched”, con Bobby “Blitz” Ellsworth sumándose en el momento justo para comenzar con las líricas, cantadas a pulmón por los fanáticos. Siguieron “Bring me the Night” y “Electric Rattlesnake”. La primera pausa, bajo el coro furioso de “¡Overkill!¡Overkill!¡Overkill!” del público se hace para presentar a Dave Linsk. Sigue “Hello From the Gutter” y “Wicked Place”, y entre estos temas, Blitz vuelve a hacer una pausa. Presenta a Ellefson, explicando su presencia. “Siempre es bueno tener un gran amigo, cuando un gran amigo hace falta.”. Hermandad, y Metal al palo. Las reglas que no deben faltar nunca jamás. 

Las reglas del Metal y de Overkill

Estábamos ante una de las bandas más fieles al estilo Thrash Metal, de las mejores en la actualidad. Su último trabajo de estudio fue de lo mejor del 2023, y siguen sonando fieles a su estilo, sin caer en mediocridades como algunas otras que anteponen la necesidad del dinero. Suenan “Wicked Place”, “Coma”, “Horrorscope” y “Long Time Dyin»‘, tema en el cual Linsk hace una introducción con un lacerante solo de guitarra acompañado casualmente por Bittner detrás. Pasaban “Mean, Green, Killing Machine” y “The Surgeon”, todos clásicos que desataron el frenesí de la gente. Entre cantos de hinchada (“Es un sentimiento… no puedo parar…”) y vitores (“¡Oooh! Vamos Overkill… Overkill…”) llegaba “Elimination” y acá, la raza metalera destrozó lo poco que quedaba de sus cadenas porque el pogo se volvió una brutalidad absoluta.

La gente sacudía la cabeza. Alzaba los puños, golpeaba al aire. Maloik arriba, la valla temblaba, algunos locos surfeaban sobre nuestras cabezas. Otros, sacudían al que tenían delante, y también a los costados. Regla número uno del Heavy Metal: hacer headbang. Y si el de al lado no lo hace, obligarlo a hacerlo. Así llegábamos al encore, extasiados de un Thrash vertiginoso que iba a las patadas, y cuando quisimos darnos una bocanada de aire, Bittner y Ellefson nos amagan con las intros de “Painkiller” y “Peace Sells…” para dar paso a “Rotten to the Core”. Tras este himno, Blitz proclamó la regla número dos del metal: “Don’t be a pussy! We don’t care what you say… FUCK YOU!”. Cerrando así, con “Fuck you” una jornada que se sintió como una transfusión de sangre para mantenernos con vida. 

Desde Vientos de Poder, agradecemos a HP Prensa y California Sun Producciones por la posibilidad de asistir a este evento y poder registrar, una vez más, un show impresionante.

Crónica y Fotos: Facundo Rodriguez

Facundo Rodriguez

Facundo Rodriguez

Fotógrafo y redactor. Aficionado al cine y los viejos FX. Fana de los cómics y todo lo que pegue bien con el metal.

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