Accept-Grave Digger, y la mística eterna del Heavy Metal Alemán
Llegar al Teatro Vorterix en el barrio de Colegiales fue una verdadera travesía desde Retiro. El pesado caos vehicular desatado por una ciudad superpoblada y múltiples cortes de calles, generó una demora de una hora para recorrer tan solo ocho kilómetros en auto. Pero la histeria, el smog y la densidad de una ciudad capital en horas pico no logró empañar la expectativa generada. Sería una noche única, una cita con lo mejor del Heavy Metal internacional, con dos ilustres visitantes: Accept y Grave Digger, las leyendas alemanas. La presencia de los coterráneos Lethal abriendo la noche le sumaría varios puntos a la velada.
Lethal abría tempranamente la jornada
Sorpresivamente dos minutos antes de las 19 horas comenzaban a sonar los primeros acordes de la banda liderada por Tito García y Eddie Walker. Quienes estábamos en las afueras con la idea de compartir alguna charla previa o algún brebaje, nos vimos obligados a ingresar en malón. «Basura» fue el tema elegido para dar inicio al ritual metálico, enganchado con otro clásico: «Warrior». Con 35 años en las tablas, Lethal es una banda que logra calar hondo en la nostalgia del metalero argentino. Algo que fue notorio por la respuesta automática del público a cada arenga del vocalista.
A Tito se lo vio en un estado vocal y escénico impecable, tal como en la década del ’90, sus épocas de apogeo. Afirmó estar muy agradecido y honrado por poder compartir esa noche con sus héroes de la adolescencia. Prosiguió con algunos temas nuevos, como «Piel de Cordero» (de su próximo disco ya casi terminado) y «Hasta la muerte» de su última producción discográfica. El breve pero emotivo show terminó con «Myke Tyson», «Maza» (dos puñetazos a la mandíbula), y la ovación del público a estos cuatro grandes del Thrash Metal argentino.

Llegaba la hora del sepulturero
Finalizada la banda soporte, el teatro Vorterix ya estaba completamente repleto; «sold out» oí que decían desde la boletería. Ya no entraba ni un alfiler, y el calor humano comenzaba a levantarse. Mientras los técnicos de la banda liderada por Chris Boltendahl apuraban el armado del escenario. Con la puntualidad típica de los alemanes, a las ocho en punto, salía a escena la mascota de agrupación, una escalofriante parca, tocando una gaita a modo de introducirnos en el primer ataque de la noche: «Lawbreaker», del disco «Healed by Metal» de 2017, enganchado inmediatamente con el único tema que hicieron de su último álbum de 2022: «Hell is my Purgatory». Un comienzo que fue un golpe certero al plexo. «Are you ready for some of Heavy Metal?» preguntó el frontman, y la respuesta del público obviamente fue ensordecedora.
La puesta en escena de Grave Digger es simple, pero impactante y contundente. La fuerte personalidad del legendario y aguerrido vocalista Boltendahl, con su rugido arenoso y típicamente teutón, se apoya sobre una base musical firme y bien ajustada, gentileza de un muy experimentado bajista como lo es Jens Becker, su más antiguo ladero, quien entrelaza sus líneas de graves con un baterista muy técnico y eficaz como lo es el jóven Marcus Kniep, en sus comienzos tecladista de la agrupación, y hoy tras los parches. Mención aparte para el gran Axel Ritt, un verdadero héroe de las seis cuerdas. Este guitarrista que parece recién sacado de «Calobozos y Dragones» lanza unos riffs interesantes, y solos de guitarra que levantan los temas eficientemente. En vivo no erra una sola nota en comparación a lo grabado en estudio.

La lista de temas fue un repaso general por toda la discografía de la banda, no se basaron en un único álbum. La primera parte del show la dedicaron a temas de sus último trabajos: Continuaron con canciones como el entretenido «Día de los Muertos», con una calaca mexicana de invitada, que acompañó con un cencerro marcando el medio tiempo, del álbum de 2014 «Return of the Reaper», o el clásico «Balad of a Hagman», del álbum homónimo de 2009, cuya introducción y estribillo fueron coreados ensordecedoramente por el público presente. Ante el canto de la parcialidad agradeciéndoles efusivamente el haber venido, Chris nos felicitó por la copa mundial. Levantó su puño y dijo que Argentina no solo es campeona del mundo en futbol, sino también campeona mundial de la pasión por el Rock y el Metal, metiéndose en el bolsillo a los más de 1500 presentes.
La segunda mitad la dedicaron a los viejos clásicos, «The Dark of the Sun» del disco «Tunes of War» de 1996 o «Exalibur» de 1999. Convirtieron el teatro Vorterix en un horno humano. Luego se despidieron con uno de los himnos del Metal alemán: «Heavy Metal Breakdown», del álbum homónimo de 1984, y el canto del público de «Olé, olé, olé… Digger!!! Digger!!!» por quinta vez. Ver a estos cuatro músicos de la vieja guardia del Heavy Metal tradicional es un espectáculo digno de apreciar. No exagero nada al afirmar que es uno de los espectáculos más Heavy Metal que he visto en mis 25 años de asistir a recitales. A pesar del corto set, solo once temas (aunque en otro países de la región hicieron menos), fue un show inolvidable de casi una hora.

La hora del terror teutónico
Luego de unos 40 minutos de demora, se oscureció el escenario para que comience a sonar «Zombie Apocalypse», uno de los corte difusión del disco que llegaban para presentarnos: «To Mean to Die», de 2021, enganchado con «Symphony of Pain», del mismo trabajo. Tal como cuando vinieron hace 5 años, Accept en vivo demostraba ser desde los primeros acordes una verdadera maquinaria de potencia y melodías.
De la última placa también sonaron canciones como la machacosa «Overnight Sensation» o la melódica balada «The Best Is Yet to Come», que fueron muy bien recibidas por el público, al nivel de los clásicos. Definitivamente el rol que cumple Mark Tornillo al frente es gravitante. Desde hace 14 años demuestra ser una de las mejores incorporaciones a una banda de Metal. En vivo queda más que claro que le ha dotado a Accept de una energía y una frescura que nunca antes ha tenido. Con la grandeza que los caracterizó en sus primeros años, pero con un vuelta de tuerca en las líneas, más aguerridas y mucho más ásperas. Algunos dirán que es una especie de Bon Scott, pero con anabólicos en sus cuerdas vocales.

Otra novedad que nos trajo este Accept en vivo es el formato de sexteto, y con tres guitarristas. Hoffman, Lulis y Shouse. Este trío crea un muro demoledor, asentado sobre el virtuosismo de tres verdaderos atletas de las seis cuerdas. Wolf parece haber encontrado dos laderos perfectos: Shouse, más en lo escénico siempre a la par, y Lulis más retrasado pendulando de principio a fin en la retaguardia izquierda, brindando seguridad con sus riffs y machaques extraordinarios. Inolvidable el solo de guitarra de «Fast as a Shark», con los tres al frente, soleando totalmente coordinados, no errando ni una nota a una velocidad vertiginosa. Claro que nada de esto sería igual sin la base de hormigón construida por el bajista Martin Motnik y el baterista Christopher Williams, dos verdaderos ingenieros musicales. Parece ser que Hoffman ha encontrado la formación que siempre quiso tener, a la altura de la leyenda teutona.

Si bien el objetivo de la gira era presentar su «To Mean to Die», no faltaron los clásicos que los llevaron a ser la banda alemana más respetada de todos los tiempos, casi todos ubicados hacia el final de la presentación. Luego de un interesante popurrí donde mezclaron «Demon’s Night», «Starlight», «Losers and Winners» y «Flash Rockin’ Man», llegó el turno del emotivo «Metal Heart», el super coreado «Princess of the Dawn» que hizo temblar las columnas del Vorterix, enganchado con «Fast as a Shark», todos de ya lejanas épocas. Luego vinieron dos clásicos de los más nuevos, de la era Tornillo: El poderoso «Teutonic Terror» con el ganchero «Pandemic».
Un público encendido en llamas observó incrédulo cómo el sexteto se despedía del escenario. Pero luego de un fuerte coreo y el infaltable «Olé… olé, olé, olé… Accept! Accept!» por enésima vez, regresaron para un final atronador: «Hung, Drawn and Quartered» del disco «Stalingrad», conectado con el himno «Ball to the Walls» y su primer éxito: «I’m Rebel», tema de AC/DC que hicieron famosos los alemanes, (ya que los australianos no la quisieron publicar) fueron el cierre perfecto.

¡En síntesis, una primera jornada del Vorterix Metal inolvidable! Lethal nos demostró la vigencia de una de las potencias del Thrash Metal Argentino. Grave Digger es Heavy Metal forjado en las mismas entrañas del Valhalla, y verlo en vivo es como estar metido ahí dentro. Y finalmente un show demoledor por parte de los legendarios Accept… seis virtuosos en escena, desplegando una energía desbordante, que no aflojó en casi dos horas de show. ¡Demoledor!

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