Crónicas

Unidos por el Thrash: Exodus celebró 40 años de su álbum debut en Argentina

La banda más visceral del Thrash Metal americano volvió al país a dar una cátedra de como hacer un show perfecto de punta a punta

Corrían las horas el pasado domingo 12 de octubre y se achicaba la brecha para finalmente, recibir a Exodus, los maestros americanos del Thrash Metal, en la meca del metal en Buenos Aires, el Teatro Flores. Siendo domingo, la asistencia temprana no estaba complicada. Los locales eran fuertes: hacía su debut Lázaro, una suerte de super-banda del Thrash Metal local, liderada por Jorge Moreno, ex Serpentor, Malicia y Reinará La Tempestad, una suerte de avatar del thrash argentino actual. Además, volvía a presentarse Tungsteno, quienes vienen de haber hecho su propio show en el mismo recinto el año pasado.

Los thrashers locales

En lo que refiere a Lázaro, su ejecución arriba del escenario sorprendió a más de uno. Si bien el estilo de la banda se asemeja a otros que hemos escuchado, e incluso muy similar a lo que fue Serpentor también, la combinación de artistas arriba del escenario, con los parches a cargo de Diego Nuñez (ex Metralla), en el bajo Pablo Maldonado (Malicia), vocales a cargo de Alejandro Sala (ex Plegarias) y en guitarra también Hernan Pinello (ex Morthifera), los dejó enaltecidos. Es notoria la experiencia de los músicos y las ganas de salir a partir cabezas para demostrar que su carrera no terminó. El set fue breve, pero contundente, y no hubieron fallos de ningún tipo arriba del escenario.

Para Tungsteno, las cosas no fueron distintas a como se dan siempre. Arriba del escenario siempre es un quilombo. Pero no uno malo, sino uno de esos que te hace mirar a los costados riendo, sin entender lo que está pasando. Aunque en este caso, si se entiende: están tocando Gaby, Maxi, Facu, Lean y el Gabo. No es distinto de lo que pasa siempre. Hay headbangs, solos al palo, la bata rompiendo todo, el bajista corriendo por todo el escenario, la birra en alto, y boquita, en honor al fallecido Miguel Ángel Russo. Dame la banda más argentina y cabeza que tengas. No, para, no tan cabeza. La copa del mundo, las camisetas de futbol, las puteadas, el agite. Está perfecto, así tiene que ser. Argentina, Tungsteno, Thrash Metal, Argentina de nuevo.

Thrash para las masas

Para la hora de arranque de Exodus, el recinto estaba completo en el espacio principal. Los balcones no estaban habilitados. Hubo una introducción prolongada con los telones cerrados. Y cuando se abrieron, el Teatro Flores explotó en violencia pura. La banda se paró de frente a una turba violenta y comenzó a ejecutar «Bonded By Blood» para el arranque. No pasó ni medio tema, que la gente comenzó a volar por el recinto. Sonido perfecto, y Rob Dukes apareciendo último, con esa impronta violenta, pesada, con una presencia que supuraba hostilidad, que parecía exacerbar al público.

Como si de un conjuro a sangre se tratara, la conexión con los fanáticos fue inmediata. Para la mitad del segundo tema nos hicieron salir del vallado. Al parecer, volaba demasiada gente. No importó, estaba tocando la mejor banda de Thrash americano. Desde el balcón, el show era otro: el protagonista iba a la par con el público. Una rueda en el medio cesaba solo en las pausas de la banda. El público corría sin parar, como si se tratara de darle rosca y que los engranajes giren para alimentar a Gary Holt, Tom Hunting, Jack Gibson, Lee Altus y el ya mencionado Dukes arriba del escenario. ¡Que paliza!

El «Bonded By Blood» sonó completo. No en orden, pero, ¿qué importa? Mecharon todo el álbum con «Blacklist», «Fabolous Disaster», «Impaler», «Brain Dead» (dedicada al difunto Paul Baloff, quien fue la voz original en el álbum debut), «Deathamphetamine» y obvio «The Toxic Waltz». Una verdadera joya, con intervenciones de Dukes, aclamado por la gente, al demostrar su capacidad vocal fuera de las canciones, imitando el famoso «ee-ooh» de Freddy Mercury.

Los temas más destacados de la noche, fuera del Bonded, fueron el Toxic Waltz y Blacklist. Escandalosamente, donde más prendido se vió al público. La rueda de moshpit dejaba agotado a muchos y enardecidos de más y más Thrash Metal al resto. No hubo pausa, más que unos escasos segundos. Así pasó la noche, cerrando con el ya mencionado «Toxic…», haciendo un popurrí corto con «Raining Blood» y «Motorbreath», junto a «Piranha» y «Strike of the Beast».

Exodus demostró una vez más, que sin necesidad de una cara comercial, se puede ser referente en un género. No han perdido la esencia, y ahora que Rob volvió al frente, la cara más violenta de esa banda de la vieja escuela californiana. afilada, rústica, sin concesionar con las pausas ni los cansancios. Se pogueó hasta perder el aire, se cantó a los gritos hasta el afonismo. Unidos por el Thrash, el público demostró que Exodus será interminablemente bien recibida en nuestro país, porque jamás decepciona. La bestia golpeó y dejo otra victoriosa cicatriz con su visita.

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Facundo Rodriguez

Fotógrafo y redactor. Aficionado al cine y los viejos FX. Fana de los cómics y todo lo que pegue bien con el metal.

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