Entrevistas

Prika Amaral contra las redes sociales: “Estamos tan conectados que nos sofoca”

Con más de una década al frente de una de las bandas más importantes del metal extremo contemporáneo, Nervosa atraviesa una nueva etapa. La publicación de Slave Machine no solo encuentra al grupo brasileño consolidado en términos creativos, sino también mucho más seguro de su identidad sonora. Para Prika Amaral, guitarrista, compositora principal y ahora también vocalista, el nuevo álbum representa un punto de madurez que difícilmente hubiera sido posible algunos años atrás.

La diferencia comenzó desde el propio proceso de composición. Mientras que los discos anteriores fueron construidos bajo dinámicas más aceleradas, Slave Machine nació durante un período de casi dos años, entre giras, ensayos y largas conversaciones sobre el rumbo artístico que la banda quería tomar.

“Fue el disco más planeado de Nervosa”, resume Amaral. “Tuvimos mucho tiempo para hablar sobre las canciones, las direcciones que queríamos seguir y disfrutar realmente del proceso”.

La creación de un estudio propio terminó siendo una pieza fundamental para alcanzar ese objetivo. Según explica, contar con un espacio exclusivo para la banda eliminó las limitaciones habituales de tiempo y logística que suelen imponerse durante una grabación profesional.

“Podíamos estar ahí las 24 horas del día. No había presión. Había solamente expresión”, afirma. Esa libertad permitió que las integrantes trabajaran a su propio ritmo, rodeadas de sus instrumentos y equipos, sin las restricciones que suelen aparecer cuando se alquila un estudio por unas pocas horas.

La cantante que nació en la ruta

Si Jailbreak (2023) representó un salto al vacío para Amaral, Slave Machine la encuentra mucho más cómoda en su rol como vocalista. La transición no fue sencilla. Después de años siendo reconocida exclusivamente como guitarrista, tuvo que asumir el micrófono principal en apenas dos meses.

“Fue el disco más difícil de mi vida”, recuerda sobre aquel proceso. “No sabía si iba a poder cantar y tocar al mismo tiempo, si iba a funcionar en vivo. Había muchas dudas e inseguridades”.

La experiencia terminó resolviendo lo que ninguna preparación previa podía garantizar. Entre ambos álbumes, Nervosa realizó quince giras internacionales, una actividad frenética que terminó convirtiéndose en la mejor escuela posible.

“Naturalmente aprendí a cantar mejor. Empecé a conocer mis límites y a controlar muchas cosas”, explica. Esa confianza también abrió nuevas posibilidades artísticas. Por primera vez en la historia de la banda aparecen voces más limpias y arreglos vocales que se alejan parcialmente del registro extremo tradicional.

“Fue muy libertador”, asegura.

Una sociedad esclava de sí misma

Si el sonido de Slave Machine muestra evolución, sus letras reflejan una preocupación profundamente contemporánea. Durante las conversaciones iniciales para definir el concepto del disco, apareció un tema recurrente: la relación cada vez más conflictiva entre las personas y la tecnología.

“La forma en que nos sentimos con las redes sociales, internet y los teléfonos estaba siempre presente”, cuenta Amaral.

A partir de esa inquietud surgieron canciones que abordan la depresión, la ansiedad, la comparación permanente y la adicción digital. La vocalista observa cómo muchas personas viven atrapadas en una dinámica de validación constante y consumo compulsivo de información.

“Hay gente que abre las redes sociales cada cinco minutos. Pierde muchísimo tiempo y termina siendo consumida por eso”, sostiene.

Pero la crítica no se limita al universo digital. El álbum también apunta contra la clase política, los conflictos internacionales y una creciente incapacidad social para distinguir hechos de relatos. Uno de los ejemplos más directos es “You Are Not a Hero”, una canción que cuestiona la idolatría política.

“Los políticos no son héroes. Son personas que trabajan para la gente”, afirma. “Empezamos a tratar la política como si fueran equipos de fútbol y todos terminamos pagando las consecuencias”.

Aun así, Amaral evita caer en una postura apocalíptica. El mensaje central del disco no es el rechazo absoluto a la tecnología, sino la necesidad de recuperar límites.

“No estoy contra las redes sociales ni contra internet. Hay muchísimas cosas buenas ahí. El problema es que ya no existen límites”.

Para la cantante, la discusión trasciende incluso a la música. Se trata de preservar aspectos esenciales de la experiencia humana frente a una conectividad permanente que, en ocasiones, resulta asfixiante.

“Yo crecí en los años ochenta. Durante gran parte de mi vida esto no existía. Ahora estamos tan conectados que nos sofoca”.

Entre Slayer y Gojira

Musicalmente, Slave Machine también refleja una búsqueda de equilibrio entre tradición y modernidad. Amaral reconoce sin rodeos el peso de influencias históricas como Sepultura, Slayer, Testament, Kreator, Metallica o Arch Enemy. Sin embargo, también señala la importancia que tuvieron bandas más contemporáneas como Gojira o Lamb of God para expandir el lenguaje de Nervosa.

“Hicimos una mezcla muy loca”, dice entre risas. “Me encanta porque hacer música es tener libertad”.

Una figura clave en esa evolución fue la baterista Michaela Naydenova, cuya formación ligada al metal moderno aportó una perspectiva diferente a las composiciones construidas por Amaral y Helena Kotina desde una óptica mucho más clásica.

“Nosotras somos muy old school”, reconoce. “Cuando escuché las baterías grabadas pensé: ‘Genial, no había imaginado eso’. Fue algo que enriqueció muchísimo las canciones”.

La combinación terminó generando uno de los trabajos más diversos de la carrera de Nervosa, un álbum que mantiene intactas las raíces thrash de la banda mientras incorpora nuevos matices y dinámicas.

Quizás por eso Amaral siente que el grupo finalmente está definiendo qué significa sonar como Nervosa.

“Creo que ahora estamos escribiendo y definiendo realmente cuál es nuestro estilo. Conseguimos crear algo que es nuestro”.

Y si Slave Machine deja una conclusión clara, es que Nervosa no está interesada en repetir fórmulas. La banda sigue mirando hacia adelante, aunque sin perder de vista el legado que la convirtió en una referencia del metal extremo mundial.

Willie Belgoff

Willie Belgoff

Estudiante de canto y Técnico en Seguridad e Higiene. Mis caballitos de batalla metaleros son Maiden y Helloween. Alguna vez aprendí Letras Modernas en la UNC. Fútbol, mate, taekwon-do y cerveza acompañado de un buen Power Metal. ¡Por más Bruces Dickinsons y Michaeles Kiskes en el mundo!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *