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JAF: “Hay que estar muy preparado para no dejar escapar la oportunidad”

Referente indiscutido del rock y el blues argentino, cantante, guitarrista y ex integrante del histórico grupo Riff. Juan Antonio Ferreyra, reconocido como JAF, esboza su recorrido en una charla a fondo y nos anticipa su nuevo proyecto, PoweRock. 

Con un recorrido que supera los cuarenta años, JAF es una figura fundamental en la historia del rock y el blues argentino. Nacido en Buenos Aires, su voz y su guitarra dejaron una marca imborrable al ser parte del disco más emblemático de Riff, además de haber compartido escenario como telonero de leyendas internacionales como Eric Clapton, Billy Idol y Joe Cocker. El propio músico sostiene que la clave de su trayectoria fue la constancia y la suerte, asegurando que frente a los giros del destino no hay otro secreto más que estar listo para no dejar ir las oportunidades cuando se presentan. 

En una charla exclusiva con Vientos de Poder, el intérprete de “Diapositivas” repasa su histórico paso por Riff, el valor del trabajo en vivo y las verdades de un músico que sigue apostando a la esencia del rock.

– Tenías unos 27 años y estabas tocando en La Banda Marrón cuando Pappo te sumó a Riff. ¿Cómo fue ese llamado y qué sentiste?

– En el año 85 yo tocaba con mi banda Marrón. Era una zapada infernal donde los tres nos explayábamos a morir con los instrumentos. Yo cantaba todo lo que podía. La gente moría con eso y le gustaba mucho. Me vienen a ver los muchachos, Pappo y Vitico, a uno de mis conciertos con la banda Marrón. Vinieron el sábado, el domingo me llama Víctor y el lunes ya estaba ensayando con ellos. Yo fui muy afortunado porque no era el único: ellos necesitaban urgentemente un guitarrista y cantante, y yo fui el elegido entre algunos, no sé cuántos. De esto yo saco como un corolario final para el teorema, esto dicho siempre frente a los que me devienen en el tiempo: que hay que estar muy preparado para no dejar escapar la oportunidad. 

– Riff VII fue el único álbum editado por una multinacional y les dió una difusión masiva que con los sellos independientes no llegaban y dividió a los fans más viejos, fue un disco muy discutido. ¿Sentiste esa presión al entrar?

– Creo que los seres humanos, yo particularmente en especial, siento presión cuando sé que el trabajo que tengo que realizar puede llegar a superar mis habilidades o mis conocimientos. En este caso, lo que hacían los Riff era una suerte de rock and roll bien fuerte y pesado que devenía indudablemente de los AC/DC de la primera hora, de la etapa de Bon Scott, y luego un tinte de las guitarras también que había en Judas Priest. Eso yo lo sabía tocar, entonces no sentí ninguna presión, todo lo contrario. Fue una cosa bastante sencilla desde el punto de vista de tocar o cantar. Yo en ese momento venía tocando un promedio de 45 shows o 50 shows mensuales. 

– “Elena X” es tuya, la única balada de la discografía. ¿Cómo nació esa canción y cómo la vivió Riff?

– “Elena X” es una canción mía de la etapa de La Banda Marrón. Debe ser más o menos unos 2 a 3 años previo a octubre del 85, que es cuando me llaman los muchachos. Es una canción larguísima, como todas las canciones que tocábamos. Luego viene el asunto de la grabación: los muchachos tienen una semana para ensayar porque a la otra semana ya hay que grabar y tienen 6 temas. Entonces yo pongo uno de mis temas, porque Pappo me pide si yo tenía alguno; colaboro con el vendedor, que se llama “Apiádate de él, Señor”. Y entonces me dicen: “No podemos tener siete temas en el disco. ¿Tenés un tema más?”. Y yo les dije que tenía un tema que a mí me gustaba, pero que no era para la banda.

Y me dijeron: “Bueno, no importa, lo ponemos igual. Lo tocamos”. Entonces salió “Elena X”, un tema muy sencillo, tiene cinco acordes, y es un tema lento. Es la única balada de Riff. Es una canción que está basada en una vivencia previa con una dama de nombre Elena, que representaba y representó durante mucho tiempo para mí la damita que, siendo joven, hace un montón de intentos por profesionalizarse. Escribí ese tema y resultó que le gustó mucho a la gente, y muchos decían que no era de Riff porque no lo cantaba El Carpo. Bueno, pero lo cantaba papá. Así que terminó siendo un tema muy especial en la discografía. Me siento muy afortunado de haber podido colaborar con un par de temas en la discografía de Riff, la banda de rock and roll número uno indudablemente de la República Argentina. 

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– Estuviste apenas diez meses pero el disco quedó como un clásico. ¿Por qué crees que pasó eso?

– La inclusión en Riff de mi parte duró solamente 10 meses. Quedó una serie de actuaciones filmadas y grabadas que hablan y muestran bastante claro cómo era el audio de la banda en esos momentos y por qué sonaba como sonaba. Los integrantes… ya los conocemos a los dos fundamentales, luego estaba Oscar Moro en la batería… Oscar Moro, una base tan firme, que junto con Víctor lograron un sonido y un groove rítmico increíble, impensado. Cuando tocaba junto con Michel Peyronel, Víctor, tenían un groove excepcional, distinto. Ni mejor ni peor, no se pueden comparar. Pero la base rítmica previa de Riff con Peyronel era una bomba atómica. Y la nueva base era otra bomba atómica.

La verdad que muy contento de haber podido colaborar con ese audio desde el punto del guitarrista rítmico. Esos 10 meses dieron como resultado el disco «Riff VII«, donde hay un tema que justamente es “Elena X”, que lo canto yo solo y que inició un conocimiento que la gente tuvo de mi voz. Esto es tan importante, porque uno tiene la oportunidad de mostrar lo mejor de uno frente a la gente. Luego, cuando la gente conoce eso, ¿qué sucede? «Ah, qué lindo, lo escuché en la radio, muy bien. Ahora el tipo toca acá cerca de mi casa y viene a cantar, lo quiero ir a ver. Garpo una entrada y voy a ver qué me da aparte de lo que él canta bien. Fenómeno, canta bien. Ahora, cuando yo te vea ¿cómo me vas a tratar? ¿Cómo me vas a hacer sentir?«.

Por eso la gente, aunque ya conoce los temas, va igual a escuchar esos mismos temas pero en vivo. Porque hay una comunicación energética muy, muy fuerte, en el mejor de los casos, entre el que transmite y el que recibe y terminamos, como decía recién, en un núcleo fuertísimo, donde todos nos sentimos bien por algún motivo esencial, por algún motivo energético. Queremos eso y pagamos para que eso suceda. Diez meses fueron, muy cortos, pero bueno, aún se sigue hablando de eso. Estoy muy contento y orgulloso también. 

El presente musical de JAF

– Tocas con tu hija Virginia en guitarra y voces. ¿Cómo es compartir escenario con ella?

– Estoy subiendo con Virgi hace mucho tiempo, bueno, desde siempre. Y a partir de que ella comienza a tocar guitarra de manera profesional y luego va puliendo su estilo, yo noto que anda muy bien con la guitarra, no hace un montón de firuletes, no es Jimi Hendrix que toca con la mano izquierda y un montón de firuletes como Steve Vai, pero la mano derecha es sumamente firme en lo que respecta al tempo. Esto hace que yo le pida a ella si me quiere acompañar con guitarra rítmica, porque las guitarras rítmicas bien tocadas logran un efecto esencial y especial en el ritmo del groove de la banda.

Por un lado está el afecto de la sangre que yo tengo con mi hija. Esto es indudable y es algo sumamente íntimo y personal que todo el mundo conoce porque todos somos papás eventualmente y somos hijos también. Pero hablando de la parte artística concretamente, yo me siento muy bien acompañado rítmicamente por Virgi. Y de vez en cuando abre la boca y canta y ahí se terminan todas las dudas, porque canta mucho mejor que yo. 

– Contaste en tus redes que estás preparando un disco nuevo PoweRock, del cual vas a presentar cinco canciones en tu show de noviembre. ¿Qué podés adelantar de tu trabajo más reciente? 

– El 7 de noviembre es un día muy especial acá en El Roxy de Palermo Hollywood: voy a cantar cinco temas, uno la gente ya lo conoce, que es el tema de AC/DC “Down Payment Blues”. Pero los otros cuatro son temas nuevos, míos, que van a formar parte de un disco futuro que se llama PoweRock. Ojalá que así se llame. Es una oportunidad de presentar, conjuntamente con el audio que tengo hoy con mi banda, estos cinco temas que tienen un audio de guitarras, bajo y batería tratando de que sea un audio parecido al de los principios de los 70, de estas bandas que tanto hemos nombrado en la nota.

Esto es una muestra de lo que va a venir más adelante en un futuro no muy lejano, por supuesto. Los temas están listos, hay solamente cinco grabados. Estoy grabando otros. La verdad que estoy muy contento y no veo el momento de presentarlos en vivo. Ya los estamos tocando en algunos conciertos que son previos y los vamos afianzando para que el 7 de noviembre en El Roxy reviente la bomba de rock and roll. 

– ¿Qué pensás de la tecnología y la inteligencia artificial en la composición?

– La verdad, después de haber escuchado a Yupanqui tocar la guitarra, después de haber escuchado a Cafrune o a Los Chalchaleros, después de haber escuchado a Rufino, a Magaldi, a Goyeneche o a Gardel… todos estos tipos hacían sus laburos profesionales y sus grabaciones en la etapa previa a la cibernética. Con respecto a la IA, yo entiendo que puede ser sumamente útil en lo que a técnica se refiere. Por ejemplo, “Quiero construir este edificio, dame, inteligencia artificial, una ayuda de conocimiento”.

Pero si vos, inteligencia artificial, me vas a enseñar a mí cómo se hace un trazo verde con un lápiz, yo no lo voy a aceptar. El trazo es lo que iba a hacer yo. Porque el microchip va a copiar siempre lo que ya hizo el tipo o lo va a inventar. ¿Y qué hay en un microchip? ¿Hay vida? No. La vida está adentro, intrínsecamente metida en el cuerpo de los seres vivos. 

– Después de más de cuarenta años de carrera, ¿Qué te sigue motivando a subirte a un escenario?

– Tengo 68 años y hace mucho tiempo que soy antiguo en lo que respecta a sentimientos. Espero siempre hacer lo que a mí más me gusta hacer porque eso me da satisfacción. Me he mostrado como soy frente a la gente y esto permitió que yo pueda mantener, sin ningún esfuerzo, la misma gente frente a mí, fanáticos de toda mi vida. Mis fanáticos son seres humanos exactamente igual que yo. Esto me permite a mí tener una proximidad tal que a veces logra que algún padre o alguna madre me traiga a sus niños pequeños y me digan: “Che, este es el pibe de nuestra casa, es lo que más queremos en nuestra casa y lo que más cuidamos. Y ahora él te quiere ver para preguntarte algo de la guitarra”. Esto es el éxito.

Y como segunda medida, es un honor muy grande al cual yo no puedo menospreciar. Tengo que responder a eso con una entrega de mi parte de lo mejor de mí para la gente. Soy afortunado. Y claro que me la busqué. He tratado de sacar siempre lo mejor de mí. Entonces eso tal vez logre un efecto, como que mis recitales puedan ser calificados «aptos para todo público». ¿Cómo voy a decir que no si me invitan a subir a un escenario? Algo me van a garpar. Siempre consideré que la guita debe ser una consecuencia de un laburo bien hecho. El laburo es profesional, pero detrás tiene que haber una postura social que tiene que ser beneficiosa para todos los que rodean al artista. Todos los que están al lado del artista tienen que decir: “Qué bien que estoy al lado de este tipo”.

– Para cerrar, ¿Cuál es tu secreto para mantener la voz a ese nivel? ¿Cuál es tu técnica? ¿Y qué le aconsejarías a los cantantes más jóvenes para que cuiden sus cuerdas vocales? 

– Mi manera de mantener funcionando todo mi organismo completo es darle movimiento: juego pelota paleta casi todos los días, uno o dos partidos, me corro todo, me chivo todo, me pego un buen baño. Trato de levantarme temprano dentro de lo posible para aprovechar la mañana, porque es energética la mañana; morfo de la mejor manera posible, como los mejores alimentos, mi esposa cocina espectacular, hace unas berenjenas mortales y carne desmechada, el alimento es muy importante. Cuando termino de tocar, que estoy chivado, me tapo un poco, nada más.

Previamente a las actuaciones, trato de calentar el aceite y elongar lo más posible; toco la guitarra un buen rato y trato de estirarme y de ponerme en la mejor postura posible. La siestita no me falta a mí, aunque sea un rato de 20 minutos. Y, por supuesto, todos los hábitos que son dañinos, como el alcoholismo, el tabaquismo, todo el quilombo, todo lo que son drogas, el exceso… lo que es nocivo tenés que dejarlo si es que querés rendir al 100%. Eso es algo que he aprendido con todas las experiencias de ver millones de cosas a lo largo de toda mi carrera. Uno debe decir frente a los pibes qué es lo que le ha funcionado a uno y qué es lo que no ha funcionado.

Yo subo a un escenario, toco rock and roll durante una hora y media o dos horas y termino cansado, pero termino bien. Así que por ahora estoy fuerte, estoy bien, me siento bien y así voy a continuar un buen rato más.

Sol Perez

Sol Perez

Estudiante de periodismo, nerd camuflada, melómana y kissera hasta el fin de los tiempos. Aficionada de la literatura y la comunicación. Siempre me vas a encontrar en un recital.

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