CTM en Obras: tres horas de comunión con el legado de Iorio
Aquel viernes no era una fecha más en el calendario del metal argentino. Era 24 de octubre y el aire cargaba un peso emocional difícil de poner en palabras. Al llegar al mítico Estadio Obras Sanitarias se veían caras amigas, compañeros de pogos y gente de todas las edades. Algunos levantaban la mirada al cielo. Otros sostenían una remera con la cara de Ricardo Iorio como si fuera una bandera. Lo que iba a vivirse no era un recital. Era un reencuentro con una historia, con una identidad, con una memoria compartida. Claudio “Tano” Marciello volvía al escenario para rendir homenaje a Almafuerte y, sobre todo, a ese compañero de ruta que ya no está físicamente, pero sigue latiendo en cada uno de nosotros.

En un nuevo aniversario de la partida de Ricardo, Obras se transformó en un templo. El Tano ofició una misa de tres horas que fue mucho más que un concierto: fue un acto de resistencia. Desde las 20:10, cuando arrancó el pre-show acústico, hasta pasadas las 23:50, el guitarrista que forjó gran parte del sonido de Almafuerte demostró por qué sigue siendo el guardián más fiel de ese legado. No fue un show perfecto. Hubo pequeñas fisuras en el sonido, y cierto sector del público parecía más interesado en el patio cervecero que en lo que pasaba en escena. Pero fue emotivo. Cuarenta temas divididos en cuatro sets, con Leandro Radaelli (bajo y voz) tomando el micrófono en varios momentos clave y la Orquesta Sinfónica Binaural sumándose para elevar la experiencia. Obras no solo fue testigo de un homenaje. Fue también la confirmación de que, mientras haya gente dispuesta a mantener viva la llama, Almafuerte, Hermética y todo lo que Iorio representó seguirá resonando en nuestras vidas.
Apertura acústica y el peso de la memoria
A las 20:10 las luces se atenuaron y apareció en pantalla un video del Tano en formato acústico. Interpretó “Presa Fácil”, “Tú eres su seguridad”, “Muy cansado estoy” y una versión sentida de “Si me ves volver” que dejó a más de uno quieto, mirando sin hablar. La proyección fue íntima, como si nos permitiera espiar al músico reencontrándose con su pasado. Cada tema era una postal que unía a V8, Hermética y Almafuerte. No fue nada grandilocuente: solo una guitarra, una voz y un público que acompañó con fuerza.


A las 20:50 el show principal arrancó y Obras ya estaba a temperatura perfecta. “Buitres” abrió con potencia. Luego llegaron “Lucero del Alba” y “Escuelita”, antes de que el Tano se tomara un momento para saludar y reconocer el aniversario. “Pensando en Llegar” mantuvo el ritmo, pero fue “Por Nacer” la primera estocada emocional. Radaelli, en la voz, alternó respeto y potencia. Sin imitar, sin copiar, pero entendiendo lo que representa cada palabra. “Debes Saberlo” y “Dijo el Droguero al Drogador” siguieron el festín de clásicos que el público conoce de memoria. Antes de “Aguante Bonavena”, el Tano contó cómo vio la pelea contra Muhammad Ali y cómo surgió el tema. “Unas Estrofas Más” preparó el momento acústico: “Motivo Ciudadano” y “Zamba de Resurrección”, una pausa necesaria antes de la sorpresa de la noche.
La orquesta que emocionó hasta las lágrimas
El segundo acto marcó el ingreso de la Orquesta Sinfónica Binaural. Mientras se proyectaba un video del Tano en la Ruta 76 llegando a un monolito con las inscripciones “Almafuerte, Iorio, Hermética, V8”, fue imposible no sentir un nudo en la garganta. La orquesta entró justo al terminar ese pasaje y lo que siguió fue una de las fusiones más emotivas de la velada. “Mi credo”, “Trillando la fina” y “Almafuerte” sonaron con fuerza renovada, casi cinematográfica. En medio del set, el Tano dijo que quería trabajar con ellos en el futuro y pidió estar atentos a redes. Luego llegó “El Visitante”, con un video introductorio sobre los pilotos de Malvinas que generó ovación generalizada. “Muere Monstruo Muere” mantuvo la intensidad. “Sentir Indiano”, “Yo Traigo la Semilla” y “Convide Rutero”, con Radaelli, mostraron que el bajista puede manejar ese repertorio con respeto. “Del Entorno”, “Homenaje” (con la historia del gaucho Augusto Romero), “Niño Jefe” y “Ceibo” cerraron el segundo set pasadas las 22:30. El Tano preguntó si estábamos conformes para seguir. La respuesta fue obvia: nadie se movía

Clásicos sin respiro
El tercer acto arrancó con “Por Ser Yo”, seguido de “Desencuentro” y “Mano Brava”, antes de “Libre de Temor”. “Las Aguas Turbias”, “Se Vos” (uno de los puntos de mayor comunión) y “1999” extendieron la fiesta. “La Máquina de Picar Carne”, “Patria al Hombro” y “Triunfo” mantuvieron la intensidad y luego “Sirva Otra Vuelta Pulpero” cerró el bloque. Para el final, el Tano guardó lo más simbólico: “Toro y Pampa” y “A vos amigo”. Antes, una versión intensa de “Pibe Tigre” terminó de destruir gargantas.
Entre la épica y el respeto
El sonido fue de gran calidad, aunque tuvo pequeñas grietas como cierto desbalance inicial en guitarras y algún rebote aislado. Nada grave. Lo que sí empañó un poco fue parte del público. Como el año pasado, el Tano debió dirigirse a los “amigos de lo ajeno” que arruinan la experiencia de familias y gente que va a disfrutar. Desde mi ubicación, frente al escenario, mitad izquierda, la cantidad de gente deambulando fue molesta. Yendo y viniendo al patio cervecero, quedándose ahí como si el show fuese banda sonora de su joda personal. No fueron dos o tres: fueron muchísimos. Entiendo que tres horas de música ameritan un respiro. No todos tienen el aguante del Tano y compañía, que tocaron casi sin pausas, pero había falta de respeto en esa actitud.

Nada de eso pudo ensuciar lo fundamental. Tano Marciello sigue siendo el mejor embajador del legado de Almafuerte. Cuarenta temas, cuatro sets, invitados, Radaelli bancando las voces, Melina destrozando parches, Giuliano acompañando. Y, sobre todo, la sensación de haber sido parte de algo que trasciende lo musical. Fue celebración. Fue acto de fe. En tiempos donde todo se vuelve descartable, shows como este recuerdan que hay legados que no se negocian.
Agradecemos a Gaby Sisti y a toda la producción por permitirnos rendir culto al más grande del heavy nacional.
