Leprous tiñó de rojo el cielo porteño
El pasado jueves 16 de noviembre, pareciendo un presagio bíblico, el Río Nilo se tiñó de rojo. No, no fue Moisés, ni Aarón. Fue la naturaleza, fuerza evolutiva imparable que lejos está de ser entendida completamente. A la vez, en Buenos Aires, no era el Río de la Plata sino el cielo el que se teñía de rojo. Pues mientras una «plaga» se hacía presente en Egipto, la lepra se hacía presente en Argentina. En el santuario porteño del metal, también conocido como El Teatrito, de Sarmiento y Av. Callao, recibimos a los noruegos de Leprous. Un show perfecto, desde la asistencia, hasta la calidad musical. Junto a Leprous estuvieron Karkaman, Presto Vivace y los chilenos Saken, quienes se encargaron de escalar progresivamente la noche. Pasamos de un Hard Rock de gran ejecución a una masterclass de Metal Progresivo que dejó vibrando en otra dimensión.
Minutos antes de las 19 horas subo la escalera mecánica del subte y pateo unas cuadras. Llego a Sarmiento y Callao de forma mecánica, pura memoria muscular, acostumbrado a estar entre los primeros. Me sorprendo, sin embargo, al notar más de media cuadra de fila, dando la vuelta a la esquina. Pocas veces vi tal asistencia en un horario previo a puertas, un día de semana. Primera señal de que Icarus orquestó una obra magnífica. Y aquí comienza el primer acto.
Las bandas soporte
Comienza Karkaman, puntual, 19.10 horas. Un set de solamente seis temas. Hard Rock bien ejecutado, de raíz, con incluso un cover del artista nacional Charly Garcia, «Nos siguen pegando abajo». La versión pesada, de un clic moderno, del origen del Rock Nacional, la raíz y nacimiento de nuestros 40 años de continua democracia. Tras esto, la banda se despidió con un popurrí de clásicos del género, pasando por Deep Purple, Led Zeppelin, y Black Sabbath.

Continuó Presto Vivace, minutos antes de las 20. Suena la introducción y ejecutan a la perfección «La Advenediza». Meses atrás, en una exclusiva conferencia de prensa, vimos en adelanto el video oficial y asistimos a la presentación en vivo de su último disco, «Inmanencia». En esta ocasión, mantienen el nivel, como si fuera un calco del último show, sin errores, y con una precisión quirúrgica proceden con Requiem Esférico, que finaliza con el relato de Victor Hugo Morales del gol de Diego Armando Maradona a Inglaterra, segundo guiño a la Memoria nacional y a los primeros años de la vigente época democrática de la noche. La presentación se prolongó hasta las 20.30 con dos temas más de su extenso repertorio, dando paso a los primeros invitados internacionales de la noche: Saken.

Pioneros de la escena de metal chileno, con 30 años de carrera, a los chilenos de Saken no les tiembla el pulso cuando toman su lugar en el escenario. Desatan una tormenta de Metal y sorprenden a la audiencia con la propuesta más pesada de la noche, mientras el cantante se dirige hacia el público con un «¿Quién dice que el Death Metal no puede ir de la mano con el Progresivo?». Con ellos, otra vez el Rock Nacional dió el presente, remontándonos nuevamente a los ’80, al mismo tema y contexto que abordé con las dos bandas anteriores, pero de la mano de un cover de Sumo, «Mejor no hablar de ciertas cosas». Pasadas las 21.

Llegó el momento esperado
Son casi las 21.30, el Teatrito está latente. Ocupando todos los espacios posibles, el público espera, inquieto en sus lugares. Hay un silencio, no total, sino aquel que habita en la calma. Está lleno de murmullos y risas, de ansiedad por la última presentación de la noche. La expectativa del show es alta, la calidad de la banda amerita algo de gran calibre para el final.

Se apagan las luces a horario, se abre el telón y entra la banda, con Einar Solberg al frente. Antes de que comiencen, en mi momento como fotógrafo, me incliné sobre el escenario, delante de las vallas, para tomar una fotografía del setlist de la noche. Tiene algo distinto: está escrito a mano, en una sencilla hoja de resma, con anotaciones a los costados, que resultan ser afinaciones, en Re y Mi bemol, cosas que pocas veces noto en las listas. Esto me permitió entender de antemano que los noruegos no se permitirían margen para errores. Entre vitores, comienzan con «Out of Here», seguidos de «Illuminate» y «The Valley», antes del primer saludo de la banda hacia el público. El fanatismo se respiraba en el aire, la gente acompañaba a pulmón todas las líricas.
Saliendo del vallado y con la cámara en mano, empujo hacia el fondo en un Teatro colmado, donde ya no entra un alfiler. Busco un lugar alto para seguir apreciando el show.

Gran sintonía con el público presente
Llegando a la mitad, comienza «From the Flame». No hay una sola garganta que no cante, con un puño alzado, en gesto de aguante, de fanática resistencia. Hubo una pausa por parte de la banda para interactuar con el público, donde se vieron interrumpidos por el famoso «olé, olé, olé […] yo soy de Leprous […]». Hablaron sobre su última visita en el 2019, y sobre su último trabajo discográfico. El show continuó con «Below», seguido de «The Price», «Nighttime Disguise» y para el cierre de la noche, «The Sky is Red» y «Slave».
Pocos son los que logran la calidad musical que tienen los noruegos. Así como ocurrió con el Nilo y sus algas rojas, la evolución saca a la superficie y deja entrever características que pocas veces se notan. Leprous es uno de los tantos ejemplos que quizás no son tan conocidos aquí, pero sin embargo cuando aparecen, sorprenden y despiertan la curiosidad de varios. Los europeos entienden que es necesario evolucionar constantemente en su propuesta dentro del género musical que tocan, y disco tras disco demuestran y afianzan su lugar dentro de los exponentes más importantes del Metal Progresivo.

Las propuesta de luces, no abundantes, fue adecuada para la mística del evento. El sonido sobresalió. La virtuosidad musical y la puesta en escena no dejó nada que desear. Fue un show que superó la última presentación de la banda, y dejó más que satisfechos a los fanáticos que la vieron por primera vez. Sin duda alguna, esperamos su regreso, que con suerte se dará pronto.
Desde Vientos de Poder, una vez más agradecemos el trato recibido por Icarus Music y Marcela Scorca.
Crónica y fotografías: Facundo Rodríguez
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