Napster vs. Metallica: a 24 años del histórico juicio
Corría el año 2000 e internet se expandía cada vez más rápido, a horizontes que no habíamos imaginado. Surgia el famoso sistema Peer to Peer de intercambio de datos, naciendo así comunidades internacionales conectadas entre nodos que facilitaban no solo la comunicación, sino el acceso a multimedia de todo tipo. Una de estas plataformas era Napster, fundada en 1999 por Sean Parker y Shawn Fanning. Dedicada puntualmente a la creación de comunidades de escucha musical en formato .mp3, fue la más reconocida entre los oyentes del Heavy Metal. Pero no por su uso, sino por el hecho mediático y judicial en el que estuvo envuelto, que los llevó a la bancarrota y redefinió la industria discográfica en esa época.
Hoy, tras haberse cumplido su vigésimo cuarto aniversario, recordamos el juicio de Metallica contra Napster, Inc.
La piratería, el enemigo invisible
El juicio a Napster fue un antes y un después en la piratería. Si bien la lucha contra la misma era algo que ya existía, esto sentó un precedente importante en la industria musical. Los VHS, cassettes y CDs tenían sus complicaciones físicas para copiar los productos y evadir los derechos de autor, pero la cruzada en la que artistas, abogados y productoras se encontraban no permitía que los actores de la misma se relajaran. Incluso se incluían propagandas exageradisimas sobre la ilegalidad del acto donde mostraban que podías ir preso solo por reproducir una película pirateada.
Las plataformas multimedia como Napster sentaron las bases de un nuevo juego. La sencillez del intercambio de información de cualquier tipo dió pie a la organización por parte de la comunidad de oyentes. En un abrir y cerrar de ojos, la industria discográfica comenzó a venirse a pique en sus años dorados, y la difusión musical con claras evasiones a los derechos de autor se volvió inminente y casi imparable. La música dejaba de ser coleccionable, para ser almacenable.
Fue en el año 2000, que en una radio norteamericana sonó una versión del tema “I Dissapear” de Metallica, canción compuesta para la banda sonora de “Misión Imposible II”. Se reprodujo una versión preliminar de la canción, hecho que puso en alerta a la productora, quien puso en tema a Lars Ulrich y su banda. Y cuando una cara conocida de la industria musical intervino, la balanza decantó de forma inminente.

Justicia para todos
La primera demanda contra Napster no la hizo Lars Ulrich, ni tampoco Metallica. La primera en actuar fue la Asociación de la Industria Discográfica de América (R.I.A.A. en inglés), pero no logró nada. Metallica inició su propio proceso, tras averiguar de dónde provenía el archivo que se reprodujo en radio. En su caso, todo el catálogo de la banda estaba disponible de forma gratuita. Ulrich puso la cara para la banda, declarando en todos los medios y llegando a miles de personas que desconocían el caso. Uno de sus comunicados de prensa decía:
“Con cada proyecto pasamos por un proceso creativo extenuante para lograr música que sentimos representativa de Metallica en ese momento de nuestras vidas. Nos tomamos nuestro oficio, ya sea la música, las letras o las fotos y las ilustraciones muy en serio, como la mayoría de los artistas. Por lo tanto, es repugnante saber que nuestro arte se comercializa como una mercancía en lugar del arte que es. Desde un punto de vista comercial, se trata de piratería: tomar algo que no te pertenece. Y eso es moral y legalmente incorrecto. El comercio de dicha información, ya sea música, videos, fotos o lo que sea, es tráfico de bienes robados”.
La banda fue a la corte el 13 de abril del 2000 contra Napster, Inc. La demanda, caratulada como “infracción de los derechos de autor” ascendía a 10 millones de dólares, puntualmente 10.000 dólares por cada canción descargada de forma ilegal. Lograron confeccionar una lista de poco más de 335.000 usuarios que habían pirateado la música de Metallica. Exigieron que sus composiciones fueran eliminadas de la plataforma, y que los usuarios que la compartieron, fueran bloqueados. Ganaron el juicio, e incluso el baterista estuvo presente cuando se requisaron los equipos que servían de servidores para la plataforma web. Meses después, tras tocar con Metallica en los VMAs del mismo año, ya estaba bromeando sobre el conflicto con un «sketch» que hacía referencia a lo ocurrido.
No obstante, Lars Ulrich se había convertido en el enemigo número uno de sus propios fanáticos.
Las reacciones del momento y sus consecuencias
Imaginate ser fan de Metallica. Estás en edad de secundaria, conseguiste esos discos incosteables, en formato .mp3. Un día, entrás a la plataforma Napster y te encontrás con un mensaje que dice: “ID bloqueada. Baneado por Metallica.”

Wayne Chang, quien dirigía los anuncios digitales de Napster, declaraba: “hay artistas que hacen música por amor al arte, y otros, por amor al dinero. Metallica acaba de demostrar de qué lado de la línea están.”
Tus héroes vivieron lo suficiente como para convertirse en villanos. Los fans de Metallica salían en cámara destrozando y quemando sus discos. La escena musical se dividía. La polémica se cernía otra vez en torno a la venta de CDs de Metal, desde aquel «Parental Advisory» también llevado a juicio. Pero el sabor no era a victoria. Era a derrota. Excepto, claro, para Metallica.
Se sumaron artistas de ambos lados del conflicto. Dr. Dre y Madonna iniciaron sus demandas, y artistas como The Offspring y Mötley Crue se posicionaron a favor de los internautas. “Ganan suficiente dinero con tickets, remeras, y otros. Elektra y los managers de Metallica manejan como quieren a la banda, y están jodiendo a los fans.” declaraba Nikki Sixx tras lanzar con Mötley Crue el video animado de “Metalligreed”. Incluso South Park hizo referencia al asunto y se burló de ellos.
También crearon una web llamada “PayLars.com” donde se podía donar 1 dólar por cada canción que podría haber afectado los ingresos de la banda. MTV se sumó a un informe sarcástico sobre el asunto.
Si bien Napster sumó gracias a esto cientos de miles de usuarios y su red creció en volúmen, para el 2002 cerró, declarándose en bancarrota y vendiendo todos sus activos al no poder costear los juicios. Metallica perdió cientos de fans, que demostraron su repudio destrozando en público los discos físicos de la banda que habían adquirido.
Así, el intento de las mayores discográficas por detener la caída absoluta de su comercio, triunfó. No obstante, el CD entró en una época de decadencia de consumo, pero no fue en vano: el mercado evolucionó, se sentaron las bases de las plataformas de streaming y sus licencias, la digitalización musical y la monetización de lo que una vez, 24 años atrás, fue motivo de herejía. No obstante, al día de hoy, es un hecho que sigue ocurriendo, porque Internet y los cypherpunks son imparables.
