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Así fue la despedida de Ozzy y Black Sabbath

Con la excusa del retiro de Ozzy, la banda que dió origen al heavy metal dió su concierto final en la ciudad que los vio nacer.

Cinco de julio, del año 2025. Desde los pocos que quedan y presenciaron sus inicios, hasta las generaciones más jóvenes, fuimos testigos de un evento inigualable, e incomparable. Estamos hablando del mejor show de heavy metal de la historia, sino de la música en general. El festival que no se vio jamás y posiblemente no volverá a verse. La despedida de Ozzy y Black Sabbath.

Hablar del origen del heavy metal en la industrial Birmingham de los ‘60 es sencillo. La historia de unos jóvenes de clase obrera que decidieron ser más pesados e ir a contramano del resto es algo de lo que se ha hablado incontables veces. Pero presenciar su histórico final de la manera en que se dio, siendo mucho más de lo que esperábamos, es sencillamente algo inolvidable. La despedida de Black Sabbath y, en particular, de Ozzy Osbourne de los escenarios, teniendo la posibilidad de verlos una vez más reunidos, con la cabeza en alto, es algo que marcará la historia de la música.

Como bien dijo James Hetfield durante su presentación: “Sin Black Sabbath, no existiría Metallica”. Y para nosotros, en otro plano, la frase también aplica: sin Black Sabbath, no existiría Vientos de Poder. Ni usted, lector, ni yo entablaríamos esta indirecta relación. Tampoco tendríamos nada en común, ni perteneceríamos al mismo colectivo de marginados, contratendencias, insurrectos del sentido común que eligieron la distorsión y el caos antes que la comedia aburrida de lo políticamente correcto. Sin Black Sabbath, no existiría este nosotros.

Paren todo

Las puertas se abrieron a las 11 de la mañana (hora local de Birmingham), pero para los que lo veíamos por TV no sería hasta las 13 hs que comenzó el show. Decisión del stream a nivel global: que todos compartieran el show dos horas más tarde para no tener imprevistos en la transmisión. Y así fue. Buen sonido, buena imagen, sin cortes. En la casa del Aston Villa, se paraba el tiempo. Comenzaban las poco más de ocho horas finales de la historia del origen del metal. El Génesis del género musical supremo llegaba a su fin. Como si fuese un Arca de Noé en tiempos apocalípticos, allí estaban todas las bandas y grandísimos íconos y referentes, para que la música sobreviva. El estadio, repleto desde temprano, con locales y visitantes. A cientos y miles de kilómetros de distancia, nosotros, pegados a las pantallas.

Cada banda deleitó a sus seguidores con algunos icónicos temas de su autoría, pero todos tuvieron a su vez una premisa en común: el homenaje a Black Sabbath y Ozzy Osbourne. Doce fueron las bandas que representaron, en diversidad, calidad y grandeza, dando covers de todos los estilos posibles y para todos los gustos. Hubo también dos supergrupos dirigidos por Tom Morello, de los cuales el que más destacó fue el segundo, precedido por un increíble Drum Off entre Travis Barker (Blink 182), Chad Smith (RHCP) y Danny Carey (Tool). Si bien el primer jam destacó poco (particularmente Yungblud con su versión de “Changes”), el segundo fue inexplicable: con Rudy Sarzo y Morello fijos, y Nuno Bettencourt acompañando en la mayoría, desfilaron músico tras músico en una sucesión que se podía resumir en una frase: “es demasiado rock sobre el escenario”.

En ese jam, el Tom Morello’s Allstars, hubo siete lineups diferentes. Las voces estuvieron a cargo de Billy Corgan (The Smashing Pumpkins), Sammy Hagar (Van Halen), Papa V Perpetua (Ghost) y el único Steven Tyler (Aerosmith). Las guitarras fueron otro deleite: Nuno Bettencourt, K.K. Downing (KK’s Priest), Vernon Reid (Living Colour), Andrew Watt, Ron Wood (The Rolling Stones) y, por supuesto, Tom Morello. El bajo estuvo a cargo de Rudy Sarzo (Ozzy Osbourne, Quiet Riot, Whitesnake, entre otros) y los teclados a cargo de Adam Wakeman (Ozzy Osbourne). La parte de las baterías osciló nuevamente entre los ya mencionados Travis Barker, Chad Smith y Danny Carey. Me atrevo a decir, fue de los puntos más altos de la tarde.

El último adiós

Finalmente, llegó la hora indicada y el evento que todos esperábamos. La música se apagó, “O Fortuna” sonó, y Ozzy emergió en su trono del Príncipe de las Tinieblas, aclamado por la multitud. Su banda, integrada por Mike Inez, Adam Wakeman, Tommy Clufetos y Zakk Wylde, se sumó al escenario al son del “Are you ready?!”. Sonaron impecables, como siempre, como si nunca se hubieran separado. Ozzy, postrado y con un gran esfuerzo físico, lo puso todo, como correspondía. Cantó bien —notoria la edad, las condiciones de salud que padece— y sin embargo, hizo un papel increíble y a la altura. La gente acompañó todo el show. “I Don’t Know”, “Mr. Crowley”, “Suicide Solution” abrieron el set.

Ozzy dio unas emotivas palabras dirigidas a quienes organizaron la bestialidad de show, recalcando la importancia del evento para él: “Llevo tirado 6 años, saben… Así que gracias, desde lo más profundo de mi corazón”. Dicho eso, logró quebrar al público en el momento más emotivo de la noche, en el que se lo notó muy emocionado también: “Mama I’m Coming Home”. Y como este evento era un constante electrocardiograma de emociones, “Crazy Train” cerró su presentación.

Minutos después llegaría el verdadero final, y el cierre del círculo: las pantallas mostrarían un sencillo compilado de videos sobre lo que se hablaba de Black Sabbath en sus años dorados, antes de que Ozzy saliera de la banda. Las luces se apagaron y en las pantallas un ardiente logo de la banda se reflejaba en los ojos de los espectadores. La aparición de uno a uno de los integrantes originales de la banda fue lenta, con las sirenas de “War Pigs” de fondo. Entre los primeros riffs, y ya con Bill Ward, Geezer Butler, Tony Iommi y Ozzy Osbourne en el escenario, fue el cantante quien dio la apertura: “Buenas noches… Somos Black Sabbath”.

Y otra vez, parecía que no se hubieran separado. “N.I.B.” demostró el increíble talento aún vigente de Geezer en el bajo, complementándose con los espectaculares riffs de Iommi, incomparable, único en todo sentido, como haría alusión más tarde un Ozzy ya cansado y con un notorio esfuerzo físico encima al presentar a la banda. Por supuesto, “Iron Man” y “Paranoid” fueron los últimos temas en sonar. Tan solo cuatro, pero más de lo que esperábamos todos, cuando las suposiciones, rumores y dudas tomaban muchísima fuerza y no supimos la verdad hasta el final.

La despedida llegó entre fuegos artificiales, que no solo coronaron el final, sino que también cumplieron una función práctica: distraer al público mientras Ozzy era retirado del escenario ya a oscuras, incapaz de hacerlo por sus propios medios. Así, tras un aluvión de aplausos y más de ocho horas de heavy metal, la historia que comenzó en Birmingham terminó, también, en Birmingham. Un final más que digno, rodeado de íconos del pasado, del presente y del futuro, que volvió a reunir a fanáticos de todo el mundo bajo una sola bandera: la que llevamos como manto sagrado todos los días, el metal pesado.
Una bandera confeccionada por cuatro alienígenas que un día, sin quererlo, patearon el tablero de la música. Lo que vino después, las bandas, los discos, los festivales, usted, lector, y esta nota, fueron un efecto dominó. Apenas una consecuencia. Y si bien la primera ficha terminó de caer, el eco del golpe sigue retumbando.

Facundo Rodriguez

Facundo Rodriguez

Fotógrafo y redactor. Aficionado al cine y los viejos FX. Fana de los cómics y todo lo que pegue bien con el metal.

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