The Unholy Trinity: culto al apocalipsis
Crónica de los vivido en las presentaciones de Behemoth, Deicide, Nidhogg y Matan S.A. en el Teatro Flores
El mundo se conmociona por sucesos que obligan a la participación de la opinión pública. ¿Qué sucedería si tres fuerzas de culto al inframundo se unieran con una cuarta fuerza? Todo pensaríamos que, como dicen las predicciones, los cuatro jinetes del apocalipsis se estarían haciendo presentes. Y así fue. El Teatro Flores se convirtió en la sala de sacrificios, rituales, magia negra y más. ¿Por qué sucedió esto? Es que se presentaron por primera vez Behemoth, Deicide y Nidhogg en el marco del Tour The Unholy Trinity. A ellos se sumó la banda invitada del ámbito local Matan S.A. Las puertas fueron abiertas a las 18 horas.
Matan S.A.
El inicio lo tuvo a Matan S.A., con su Death Metal clásico, guitarras afiladas y la voz desgarradora de Wata que retumbó por todo el recinto. Para los amantes de este género, esta banda no defrauda nunca y las visuales fueron simplemente escalofriantes. El show en sí te hace imaginar que sos participe de una película de terror. Para el público eso es fundamental, porque a pesar de estar del otro lado del escenario, la performance te obliga a ser participe desde el primer minuto.

Nidhogg
En segundo lugar, se presentó Nidhogg. Este proyecto solista de Black Metal, llegado desde Polonia, me sorprendió muchísimo. El vocalista se presentó como si fuese el artífice de un ritual de magia negra. Asi fue que devoró nuestras almas, acompañado de guitarras ultrarápidas, voces de ultratumba y el condimento extra de la faceta teatral. Al frontman se lo vio con todo su torso pintado de negro, luciendo muñequeras con elementos punzantes a su alrededor.

Un inicio atroz con «Narcissus». El show fue enérgico desde el primer instante. Pero todo se paralizó, y un silencio atroz invadió El Teatro. El frontman tomó con sus dos manos una copa, y bebió de ella emulando tomar sangre al estilo Dracula. Después de este acto, el público gritó euforicamente, y dió lugar para interpretar el tema «Transylvania».
El cierre fue nostálgico, ya que el frontman anunció que iba a interpretar el himno por excelencia de la banda brasilera Sepultura. Se despidió ni más ni menos que con «Territory», para el extasis y pogo desenfrenado del público hasta quedar afónicos.

Deicide
En tercer lugar, el old school se hizo presente la mano de una leyenda del Death Metal, Deicide. Pisaron el escenario con un Glen Benton fuera de sí, cada grito era como una ejecución sin piedad. Ahí El Teatro se convirtió en un descontrol a mansalva. Fue un set list con clásicos. El inicio fue con «When Satan Rules», tema que por sí solo alcanzó para el descontrol total.


Yo diría que fue una carnicería humana, solo los valientes se metían en el medio de la hoguera de Satan. Sin tantos preámbulos y lejos de frenar esta masacre musical, continuaron con «Sacrificial» y «Satan Spawn». aquí vino un impasse, para que a propósito, se escuche atronadoramente el «Ole, ole, ole, Deicide…», a lo que Glen respondió con un gran gesto de aprobación. Es más, el frontman, con gestos ampulosos, incitaba a la monada que no se detengan, que todavía había más sangre por derramar.
Es así que la masacre sonora siguió con «In Hell I Burn», para dar punto final a la matansa con una oda al rey del inframundo: «Homage for Satan». Dejaron un paisaje desolador, por los cuerpos sin vida dejados por un verdadero asesinato musical.


Behemoth
Y el acto final de la sentencia de muerte fue a cargo de Behemoth. Fue ahí donde el show pasó a ser un puñal en el centro del corazón. Nergal, fiel a su estilo, se presentó como un sacerdote oscuro y con la frialdad de un ente maligno. Sin compasión alguna, todas las almas oscuras se unieron en el medio del Teatro de Flores, que parecía un portal hacia otra dimensión, donde las almas de los presentes vagarian errantes en su camino por toda la eternidad.

Esta misa negra comenzó con una atmosférica introducción, para luego desembocar en el atroz pogo de la mano de «Shadow Elite» y «Ora Pro Nobis», para poseernos a todos por el demonio que se hacía presente en todo momento. Los puños en alto de Nergal obligaban a la gente a no quedarse quieta. Yo lo compararía como si estuviéramos pisando brasas calientes, era imposible estar en modo quieto. El recinto a esa altura de la noche era la casa del mal.
Un momento cumbre de los tantos que hubo fue cuando interpretaron «Lvciferaon», que nos envió a otra dimensión sonora, y todo lo que pudiera suceder en el exterior no importaba. Lo único importante era el desarrollo de esta celebridad de culto a Satan, con Nergal al frente en todo su esplendor recorriendo el escenario de lado a lado. Y para no extenderme tanto, diré que el cierre fue apoteoseico con «Chant 4 Ezcation» y «Ojcze Nasz». Dos himnos malditos que enviarnos nuestros cuerpos y almas al infierno.

Crónica: Sergio Silva
Fotografia. Facundo Rodriguez (ShotsByFar)
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