Kamikaze: las leyendas del heavy metal argentino volvieron a la batalla después de 35 años
Kamikaze, una banda fundamental del heavy metal nacional, regresó a los escenarios después de 35 años para interpretar su emblemático álbum Kamikaze 3 ante un recinto completamente lleno. El acontecimiento tuvo lugar el 19 de septiembre y contó con Lombardía e Ícaro como bandas invitadas.
Antes de comenzar esta crónica, debo mencionar que, cuando se anunció la grata noticia del regreso de Kamikaze con la formación que participó de su último álbum, Kamikaze 3, lanzado en 1991, las redes sociales estallaron con opiniones a favor y en contra. Muchos sostenían que el verdadero Kamikaze era el de Miguel Ángel Oropeza, mientras que otros defendían a la formación actual.

Personalmente, me pregunto: ¿hasta cuándo vamos a seguir con estas divisiones? Si esta formación de Kamikaze también forma parte de la historia de la banda, ¿acaso en la trayectoria de Iron Maiden figuran dos agrupaciones diferentes? No. Blaze Bayley fue parte de la historia de la Doncella de Hierro, mientras que Bruce Dickinson representa su presente. Pero prefiero dejar aquí esta reflexión para no extenderme demasiado.
La tarde soleada del 19 de septiembre, en vísperas de la primavera, mostraba en los alrededores de El Teatrito una postal cargada de nostalgia: aquellos viejos fanáticos, con sus remeras gastadas después de tantos años de recitales, se mezclaban con nuevas generaciones que recibieron y mantuvieron vivo el legado de Kamikaze.
Una vez adentro, el recinto ya mostraba un importante marco de público, anticipando lo que sería una jornada memorable para el heavy metal argentino.
Lombardía demostró que el hard rock y el glam siguen vigentes
De pronto, cuando las luces se atenuaron en El Teatrito, los colores flúor y los pelos batidos irrumpieron sobre el escenario, recuperando aquella estética característica de las bandas de hard rock de los años 80.
Lombardía hizo su aparición con la voz aguda de Klaus Lombard, quien rápidamente comenzó a levantar la temperatura del recinto. Una de las características más llamativas de su propuesta fueron los estribillos pegadizos y la velocidad de algunas composiciones.

En cuanto a su estilo, podemos encontrar influencias que recuerdan a Bon Jovi y Reckless Love, aunque también aparecieron pasajes más calmos, cercanos al sonido de Survivor.
El show levantó todavía más temperatura cuando, desde el público, apareció Michelle Viquez, quien subió al escenario para interpretar junto a la banda el clásico «Highway to Hell», de AC/DC. Fue uno de esos momentos en los que El Teatrito literalmente sudó rock and roll.
En síntesis, Lombardía ofreció una presentación imponente y dejó en claro que el hard rock sigue más vivo que nunca.
Ícaro y el poder del heavy metal de la vieja escuela
La verdad es que no sé cómo comenzar esta parte de la crónica. Si tuviera que describir el inicio del show de Ícaro, diría que fue como recibir una piña inesperada en el mentón y caer directamente a la lona.
Así fue su arranque: sin demasiados arreglos, adornos ni vueltas innecesarias. Heavy metal directo al hueso.
Ícaro abrió fuego con «Para Bien o Para Mal», una canción que permitió apreciar el despliegue vocal y el recorrido escénico del Turu Paredes. Su actuación despertó los primeros pogos entre el público, mientras que Horacio Heredia demostró una contundencia notable con su guitarra, provocando una importante ovación.

Todos los músicos estuvieron a la altura de las circunstancias. Desde el comienzo, la actitud arrolladora de la banda transmitió una energía que rápidamente se contagió a los presentes.
Promediando la presentación, el Turu Paredes sacó a relucir una bandera argentina y la hizo flamear sobre el escenario. El gesto provocó una nueva explosión de entusiasmo entre los fanáticos, que acompañaron con aplausos y gritos.
Tampoco faltó uno de los himnos de la agrupación, con aquel estribillo que proclama: «Heavy metal, tus guardianes lucharán», una frase que ya forma parte de la historia de Ícaro.
Para cerrar su presentación, la banda decidió rendir homenaje a los protagonistas de la noche con la interpretación de «Como un Kamikaze», dejando el escenario preparado para el esperado regreso de las leyendas.
Kamikaze: las leyendas volvieron a ponerse de pie
El Teatrito volvió a sumergirse en la oscuridad. Una introducción bastante extensa mostró en las pantallas a los aviones Kamikaze, listos para emprender una nueva batalla.
Los primeros acordes abrieron fuego y la inconfundible voz de Gómez Yafal se adueñó de la noche con «Rompiendo las Barreras».
Si bien durante este primer tramo la voz se escuchó algo baja, la situación se corrigió con «La Reina del Rock & Roll» y «Lloviendo en Mi Corazón». Fue entonces cuando aquel vozarrón recuperó todo su protagonismo y provocó los primeros pogos de la presentación principal.

Con una mirada de 360 grados, El Teatrito lucía completamente repleto.
Y aquí vale detenerse en algo importante: en tiempos en los que el mango escasea debido a la difícil situación económica, una banda legendaria como Kamikaze consiguió llenar un recinto después de 35 años sin actividad con esta formación.
Un logro que merece destacarse y que fue posible gracias al acompañamiento de los fanáticos y al trabajo de la productora que hizo realidad este esperado regreso.
Como era de esperar, uno de los momentos más emotivos de la noche estuvo dedicado a Daniel Telis, histórico guitarrista de la agrupación que ya no está entre nosotros.
El público lo recordó con profundo respeto y comenzó a corear eufóricamente su nombre: «¡Daniel, Daniel!». Fue un instante cargado de emoción, en el que el recuerdo del músico se hizo presente entre quienes compartieron su legado.
El homenaje continuó con una ejecución de guitarra a cargo de Martín Knye, quien desplegó un medley con referencias a grandes nombres como Metallica, Bon Jovi y Ozzy Osbourne.

La interpretación fue recibida con una enorme ovación por parte de un público completamente rendido ante su destreza.
Este bloque más introspectivo culminó con la interpretación de «Mira Hacia lo Alto», ejecutada a dúo junto a Gómez Yafal, en otro de los pasajes emotivos de la noche.
Todavía quedaba mucho por delante
La intensidad regresó de la mano de clásicos como «Víctimas del Rock» y «Pájaros de Acero». El Teatrito parecía comenzar a desintegrarse ante aquella verdadera clase magistral de heavy metal que estaban ofreciendo Gómez Yafal y los suyos.
Si bien el recital había atravesado distintos estados de ánimo, desde la nostalgia y la emoción hasta la euforia más absoluta, la banda tenía reservado un cierre todavía más caliente.

Fue entonces cuando, imaginariamente, los músicos se calzaron las pilchas de AC/DC y arremetieron con una versión de «Highway to Hell».
Ahora sí, El Teatrito explotó por completo.
Con el último acorde, el público respondió con una ovación interminable. Aplaudiendo una actuación que confirmó la vigencia de una banda fundamental para la historia del heavy metal argentino.
Después de 35 años, los inoxidables Kamikaze volvieron a demostrar que las leyendas nunca dejan de dar batalla.
