La H No Murió revivió Ácido Argentino y dejó una pregunta incómoda: ¿cambió algo en 35 años?
El 12 de junio teníamos una cita impostergable. No era una fecha más en el calendario: era el regreso de un pedazo de nuestra historia. La H No Murió llegaba a Córdoba para revivir Ácido Argentino, el segundo disco de estudio de Hermética, editado en 1991 y convertido con el paso de los años en uno de los pilares fundamentales del Heavy Metal nacional.

La H No Murió revivió Ácido Argentino en un Club Paraguay repleto
Para quienes nos consideramos parte de esta cultura desde hace décadas, Ácido Argentino no es solamente un disco. Es una declaración de principios. Fue la bandera más alta que levantó el metal pesado argentino de la mano de Ricardo Iorio, Claudio O’Connor, Antonio «Tano» Romano y Claudio «Pato» Strunz. Un legado que sigue vivo y que continúa pasando de generación en generación.
Eso quedó claro apenas llegamos a un Club Paraguay completamente colmado. Entre las clásicas remeras negras y los estandartes de Hermética aparecían padres junto a sus hijos, e incluso algunos abuelos acompañados por sus nietos. Una imagen poderosa que demostraba que estas canciones lograron atravesar el tiempo y convertirse en patrimonio cultural de varias generaciones de metaleros argentinos.
Desde el inicio de la presentación de Endvoid ya había una importante cantidad de público dentro del recinto. La banda fue recibida con respeto y atención, algo que no siempre ocurre con los grupos encargados de abrir la noche. Mientras avanzaba su show, el auditorio continuaba llenándose hasta quedar completamente desbordado.
Ácido Argentino: canciones que siguen describiendo la realidad del país

En La Docta, las banderas de Hermética parecían seguir ondeando intactas. El legado de Ricardo estaba presente en cada rincón del lugar, alimentando ese fuego que mantiene vivo al heavy metal argentino.
Quizás una de las explicaciones para semejante convocatoria sea la nostalgia. Se veían amigos reencontrándose después de años, chocando vasos y fundiéndose en abrazos mientras sus gastadas remeras de Hermética parecían contar historias de recitales, rutas y noches interminables de los años noventa. Pero había algo más profundo que la simple nostalgia.
También estaban las familias. Padres compartiendo estas canciones con sus hijos. Jóvenes que probablemente ni siquiera habían nacido cuando Hermética editó sus discos, pero que hoy corean las letras con la misma pasión que quienes las escucharon por primera vez hace más de tres décadas. Ahí está la verdadera dimensión del fenómeno. El legado de Hermética trascendió a sus protagonistas y se convirtió en algo colectivo. Algo que ya no pertenece solamente a Ricardo Iorio, sino a todos los que forman parte de esta historia. Algo profundamente argentino, tan nuestro como esos colores celeste y blanco que siguen apareciendo una y otra vez entre el público.

El show comenzó exactamente como comienza el disco homenajeado. Sonaron «Robó un auto» y «La revancha de América», y desde ese instante el público no dejó de cantar ni un solo segundo. El pogo se mantuvo encendido durante toda la noche.
Quizás me permita una licencia un poco más personal, pero mientras sonaban canciones como «Gil Trabajador», «Del Camionero», «Evitando el Ablande» o la propia «La Revancha de América», era imposible no pensar en «Cambalache», aquel inmortal tango de Enrique Santos Discépolo que Hermética también supo interpretar. Porque muchas de las problemáticas que describían aquellas letras hace más de treinta años siguen golpeando con una vigencia inquietante. El trabajador castigado. La desigualdad. La frustración social. La sensación de que la historia argentina parece empeñada en repetirse una y otra vez. Vuelve a resonar la impronta de Ricardo Iorio. No solamente como músico, sino como cronista de una realidad que observó y transformó en poesía pesada. Una poesía que hoy sigue encontrando eco en miles de personas.
Los mensajes de Claudio O’Connor que hicieron reaccionar al público
La conexión entre banda y público tuvo varios momentos intensos. Al finalizar «Gil Trabajador», Claudio O’Connor lanzó un contundente «¡Viva Perón!». Algunos reaccionaron con gestos neutros, pero la mayoría respondió levantando las manos en forma de «V». Inmediatamente comenzó a escucharse un único cántico: «Argentina, Argentina». Poco después llegó «En las calles de Liniers», dedicada especialmente a Ricardo.
Más adelante, tras interpretar «Olvídalo y Volverá por Más», O’Connor volvió a tomar el micrófono para decir: «Esta te la dedicamos a vos, Adorni. No somos pelotudos». Una frase que fue recibida con una ovación y que reflejó el clima de una parte importante del público presente.

Ricardo Iorio, presente en cada canción
Más allá de cualquier lectura política, lo cierto es que una vez más el legado de Hermética volvió a hacerse escuchar. Esta vez a través de La H No Murió, pero siempre sostenido por las palabras y la visión de Ricardo Iorio, quien, al igual que Discépolo desde el tango, supo retratar las contradicciones y las heridas de la Argentina desde el lenguaje del Heavy Metal.
La banda repasó la totalidad de Ácido Argentino para celebrar su legado, además de sumar algunos clásicos indispensables. Durante toda la noche el pogo fue constante, las gargantas se fueron quedando sin voz y la emoción terminó desbordando cada rincón de Club Paraguay. Fue una fiesta. Un encuentro. Una celebración de la memoria metalera argentina.
Una vez más, tuvimos la oportunidad de ser parte de esta experiencia y compartirla con ustedes. Mientras sigan sonando estas canciones, seguirá vivo el espíritu del Ácido Argentino. Y por eso, una vez más: gracias, Ricardo.
Fotografías: FlorOjoRock













