Symphony X en Buenos Aires: maestría en vivo y un ritual de virtuosismo para el recuerdo
La banda estadounidense regresó al país tras varios años y ofreció un show inigualable, donde la técnica y la emoción convivieron en perfecto equilibrio.
La espera no fue corta. Siete años separan a la última visita de Symphony X previa al show que vivimos en Flores. La excusa fue perfecta: celebrar treinta años de carrera como líderes en uno de los géneros más difíciles de ejecutar. Y si había dudas sobre su vigencia, bastaron los primeros minutos del show para disiparlas por completo.
Debo admitir que tuve mis dudas al ver el recinto elegido, pero se disiparon a la brevedad. Como siempre, el recibimiento de las bandas soporte estuvo acompañado del público, más no colmado. No obstante, para el show de la banda principal, no entraba siquiera un alfiler entre el público. Y lo que hizo la banda dirigida por Michael Romeo fue una exhibición de jerarquía.

Una apertura con identidad propia
La noche comenzó mucho antes del plato principal, con dos propuestas que marcaron el pulso inicial sin desentonar con el espíritu técnico de la jornada. Tanto Virthual como Andy Addams asumieron el desafío de abrir para una banda de culto dentro del metal progresivo, y lo hicieron con convicción.
El primero en salir a escena apostó por un enfoque más directo, con un set potente y bien plantado, donde la ejecución fue el eje central. Sin buscar adornos innecesarios, la banda logró captar la atención desde temprano, apoyándose en riffs sólidos y una presencia firme sobre el escenario.


Por su parte, el segundo soporte encontró su lugar desde un terreno más elaborado. Si bien la propuesta funcionó como una transición lógica hacia el universo de la banda principal, me resultó perdida e insípida. La falta de vocalista y el uso de covers instrumentales de openings de Dragon Ball y Saint Seiya me parecieron un cocktail de malas decisiones. Entiendo que el público metaleramente matemático de Symphony X comparte mucho con la dimensión paralela del fandom friki/geek pero es un contenido para la plataforma de YouTube, no para uno de los escenarios más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires.


Virtuosismo sin concesiones
Con el público expectante y anhelando el reencuentro, los telones dejaron al descubierto un escenario a oscuras con un pantallazo que repasó las portadas de los discos de la banda principal. Entre ovaciones, aparecieron los héroes de la noche, alabados por un mar de manos cornutas y gritos desaforados.
Desde los primeros compases, quedó claro que el tiempo no afectó su precisión. El sonido fue nítido, equilibrado, y la ejecución, milimétrica. Cada instrumento ocupó su lugar con claridad, permitiendo apreciar la complejidad de las composiciones sin perder contundencia. Tuvo lugar en la apertura «Of Sins and Shadows», seguido de «Sea of Lies» y «Out of the Ashes».




Desde el principio, que fue sucedido por “The Accolade”, la banda bajó la intensidad para construir un pasaje cargado de épica y emoción. El pulso lo mantuvo Russell Allen de forma contundente. Su perfomance estuvo sostenida por una presencia escénica que no necesitó exageraciones. Cada intervención suya encontraba una devolución desde el público, generando la mayor conexión de la noche.
El frontman cumplió a la perfección con su rol, pero el pulso interno siguió estando en manos de Michael Romeo. Más enfocado en lo musical que en la exposición constante, su aporte fue determinante para sostener el nivel general del concierto. Una ejecución limpia y cargada de intención, reafirmando su lugar dentro del género sin necesidad de caer en excesos. Cuando el foco se posó sobre él, respondió con solvencia, dejando en claro que gran parte de la identidad de la banda se construye desde su guitarra. «El genio y creador de todo esto» lo llamó Sir Allen cuando lo presentó antes del «encore» del show.

El resto de los músicos, por supuesto, ejecutaron a la perfección. El sonido fue un gran protagonista, que se escuchó como si se tratara de la reproducción de los discos de estudio. Pocas veces se escucha tan bien una propuesta en vivo. Michael Pinnella, Jason Rullo y Michael Lepond conforman una pared de apoyo para los dos que comandan la banda, y no fallan en nada. Prácticamente sin pausas, la banda ejecutó durante hora y media ese recorrido, de doce canciones. Quedaron cosas afuera, pero no hay nada para reprochar.
El setlist lo completaron con «Smoke and Mirrors», «Evolution», «Communion and the Oracle», «Inferno» y «Nevermore». Los tres temas finales fueron un deleite: «Without You», «Dehumanize» y «Set the World Afire», con uno de los solos más espectaculares que presencié en vivo, donde el público mezcló pogo y aplausos, en una aparente fascinacion y confusión con todo lo que ocurría. Impecable.
Y lo más sorprendente es poder ver al Teatro Flores estallado de gente que sigue este género, con pocas propuestas locales y visitas internacionales al año. Un recinto de dos mil personas lleno, con la cantidad de shows que hay por mes, sumado al gran nivel de visitas que estamos teniendo y la dificultad para costear esas entradas, no es poca cosa. Esperemos que tras ver esto, estas leyendas decidan regresar pronto, tal vez con un nuevo álbum bajo el brazo.
Crónica y fotografías: Facundo Rodriguez
Galería de fotos
Virthual/Andy Addams











Symphony X














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