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Helloween: 40 años de una revolución que sigue sonando

Hay bandas que escriben una parte importante de la historia de un género y hay otras cuya propia historia termina mezclándose con la del género. Helloween pertenece a ese segundo grupo.

Cuarenta años después de su formación, hablar de Helloween implica recorrer buena parte del camino que llevó al power metal desde las primeras experiencias con el speed metal hasta convertirse en una escena extendida por todo el mundo. En el recorrido aparecen distintas voces, músicos que entraron y salieron, discos que cambiaron de dirección y momentos en los que Helloween pareció estar a punto de romperse. Todo eso forma parte de la misma historia.

Y quizás ahí se encuentre una de las razones por las que Helloween sigue ocupando un lugar tan especial: su evolución también fue parte de la evolución del power metal.

«Walls of Jericho»: las primeras piezas

Cuando «Walls of Jericho» apareció en 1985, el power metal todavía no tenía la identidad con la que hoy lo reconocemos. Helloween se movía dentro de un terreno dominado por el heavy y el speed metal, tomando la velocidad de uno y la potencia del otro mientras empezaba a desarrollar una personalidad propia.

Kai Hansen tenía una manera muy particular de entender la guitarra. Los riffs podían avanzar a toda velocidad y, unos segundos después, convertirse en melodías capaces de sostener una canción completa. Michael Weikath aportaba otra dimensión a ese juego de guitarras, mientras Markus Grosskopf e Ingo Schwichtenberg construían una base rítmica capaz de acompañar semejante despliegue.

En canciones como «Ride the Sky» ya aparecen muchas de las características que después asociaríamos inmediatamente con el power metal. La velocidad ocupa un lugar central, pero también hay melodía, armonías, cambios de dinámica y una sensación de grandeza que empieza a despegarse del heavy metal tradicional.

«Walls of Jericho» tiene algo de documento fundacional. Todavía se escucha la influencia de Iron Maiden, Judas Priest y el speed metal de aquellos años, pero las canciones están empujando esas referencias hacia otro lugar.

Hansen cantaba y tocaba la guitarra, y esa combinación le daba a las primeras grabaciones una personalidad particular. Su voz era más áspera que la que llegaría poco después con Michael Kiske, y el sonido general tenía una energía mucho más cruda. Las canciones parecían estar permanentemente al borde de desbocarse.

Ese fue uno de los primeros grandes aportes de Helloween: demostrar que la velocidad podía convivir con una fuerte identidad melódica. Con el tiempo, esa combinación se convertiría en uno de los pilares del power metal.

«Keeper of the Seven Keys»: cuando todo encajó

La llegada de Michael Kiske cambió la dimensión de la banda. Era muy joven y, sin embargo, poseía una voz extraordinariamente desarrollada. Su registro agudo tenía potencia, claridad y una cualidad casi luminosa que encajaba perfectamente con las nuevas canciones que Helloween estaba preparando.

La incorporación de Kiske coincidió con una transformación musical mucho más profunda. «Keeper of the Seven Keys Part I» llevó las ideas de «Walls of Jericho» hacia un territorio más melódico y ambicioso. Las guitarras adquirieron todavía más protagonismo, las estructuras crecieron y las canciones comenzaron a transmitir una sensación épica mucho más marcada. Con «Keeper of the Seven Keys Part II», esa identidad terminó de consolidarse.

«Eagle Fly Free» probablemente sea uno de los ejemplos más perfectos de lo que Helloween estaba consiguiendo. La batería corre a una velocidad impresionante, las guitarras se entrelazan constantemente y, por encima de todo, aparece Kiske con una voz capaz de convertir una melodía en un himno.

La grandeza de esos discos está en el equilibrio. Hay velocidad, pero también espacio para melodías memorables. Hay virtuosismo, aunque las canciones nunca quedan sepultadas por la técnica. Las letras incorporan fantasía, libertad, sueños y aventuras, elementos que terminarían convirtiéndose en parte del imaginario habitual del power metal. Y la voz de Kiske fue fundamental para todo eso.

Durante los años ochenta, el heavy metal tuvo una generación extraordinaria de cantantes. Rob Halford, Bruce Dickinson, Ronnie James Dio y muchos otros habían establecido estándares enormes. Kiske apareció dentro de esa misma década con una propuesta diferente. Su timbre y su manera de cantar transmitían juventud y entusiasmo, pero también una enorme capacidad técnica. Hay algo casi cinematográfico en su voz. Cuando entra en una canción de Helloween, las melodías parecen ganar altura. Esa sensación terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad del power metal.

Los Keepers trascendieron Alemania rápidamente. Su influencia se extendió por Europa y después llegó a escenas de Japón, Sudamérica y otros lugares donde comenzaron a aparecer bandas fascinadas por esa mezcla de velocidad, melodía y épica.

Blind Guardian, Gamma Ray, Stratovarius, Edguy, Sonata Arctica y una enorme cantidad de grupos posteriores crecieron en un mundo en el que Helloween ya había demostrado que esa fórmula podía funcionar. Para muchos músicos, «Keeper of the Seven Keys» fue una puerta de entrada. Para muchos fanáticos, también.

La salida de Kai Hansen y el comienzo de otra historia

El cantante y guitarrista abandonó Helloween en medio del éxito de los Keepers. Su partida podía haber significado el final de aquella formación clásica, pero Michael Weikath decidió continuar y Roland Grapow pasó a ocupar el lugar de Hansen en las guitarras. Este, por su parte, comenzaría poco después una historia paralela con Gamma Ray, otra pieza fundamental para entender la expansión del power metal.

Helloween entró entonces en una etapa mucho más complicada. El éxito de los Keepers había establecido expectativas enormes y la banda tenía que convivir con la sombra de esos discos mientras atravesaba cambios internos. «Pink Bubbles Go Ape» y «Chameleon» mostraron una banda buscando nuevas respuestas.

«Chameleon»: el riesgo de abandonar la fórmula

«Chameleon» resulta especialmente interesante cuando se mira desde la perspectiva del tiempo. Helloween tenía en sus manos una fórmula que había funcionado de manera extraordinaria. Podían haber intentado repetirla durante años. En cambio, eligieron explorar otros terrenos.

El disco incorpora pop, rock, baladas, arreglos mucho más suaves y estructuras alejadas del power metal que había convertido a la banda en una referencia mundial. Incluso la producción y el tratamiento de las canciones reflejan esa búsqueda.

Para una parte del público fue una decepción. Para otra, una rareza dentro de la discografía. Con los años, «Chameleon» puede escucharse desde otro lugar. Helloween estaba experimentando con composición, arreglos y melodía, y varias de esas inquietudes terminarían apareciendo de diferentes maneras en su música posterior. También marcó el agotamiento de aquella etapa.

Michael Kiske dejó la banda después de «Chameleon», y con él terminó definitivamente una de las formaciones más importantes de la historia del heavy metal. Parecía el final de una era. Helloween todavía tenía mucho por decir.

Andi Deris y la reconstrucción

La llegada de Andi Deris significó un cambio enorme. Su voz tenía una personalidad completamente diferente a la de Kiske. Era más grave, más áspera y tenía una fuerte influencia del hard rock. Esa diferencia obligó a Helloween a replantearse su manera de componer. Con «Master of the Rings», la banda recuperó energía y una identidad más cercana al metal. Uli Kusch se incorporó a la batería y la formación encontró una dinámica nueva.

«Perfect Gentleman», «Sole Survivor» o «Where the Rain Grows» mostraban a un Helloween que podía mirar hacia atrás sin quedar atrapado en el pasado.

Después llegó «The Time of the Oath», un disco que terminó de consolidar esa recuperación. La banda volvió a escribir canciones veloces, contundentes y melódicas, mientras Deris encontraba cada vez más comodidad dentro de ese universo. Su llegada terminó siendo decisiva para la continuidad de Helloween.

Kiske había sido una pieza fundamental de la etapa más legendaria de la banda, pero Deris consiguió reinventar la identidad de la banda. Desde entonces, Helloween atravesó más cambios, distintos bateristas y diferentes momentos musicales, pero Deris permaneció como voz y compositor junto a los clásicos Weikath y Grosskopf. Durante más de dos décadas, su voz se convirtió en otra parte inseparable de la identidad de la banda.

«Pumpkins United»: todas las generaciones en un mismo escenario

Durante años, imaginar nuevamente a Kai Hansen y Michael Kiske dentro de Helloween parecía algo reservado para las fantasías de los fanáticos. En 2017 ocurrió.

Hansen y Kiske regresaron para formar parte de Pumpkins United. La imagen resultaba extraordinaria: Michael Weikath y Markus Grosskopf, integrantes de la historia original, compartiendo escenario con Hansen y Kiske; Andi Deris defendiendo su propia etapa; Sascha Gerstner y Dani Löble representando generaciones posteriores.

De repente, Helloween tenía siete integrantes. Tres guitarras, dos cantantes, y varias décadas de historia concentradas en una misma formación. Lo hermoso de Pumpkins United está precisamente en esa convivencia. Kiske puede volver a cantar «Eagle Fly Free». Hansen puede recuperar canciones de los primeros años. Deris puede interpretar el material que construyó junto a Helloween desde los noventa. Ninguna etapa necesita desaparecer para que la otra exista.

El reencuentro también tuvo una consecuencia especialmente significativa: Hansen y Kiske volvieron a grabar material nuevo con Helloween. El álbum homónimo de 2021 convirtió aquella reunión sobre los escenarios en una nueva etapa discográfica. Para el fanático del power metal, la imagen tiene un peso enorme.

Porque Helloween forma parte de la historia personal de muchísima gente. Hay quienes llegaron al género a través de los Keepers. Otros conocieron la banda con Andi Deris. Algunos descubrieron «Walls of Jericho» mucho después y volvieron hacia atrás para entender de dónde había salido todo aquello. Ahora pueden encontrarse todas esas etapas en un mismo concierto.

Cuarenta años después

Helloween comenzó su recorrido cuando el power metal todavía estaba tomando forma. Cuatro décadas más tarde, el género tiene escenas consolidadas en Europa, Asia, Sudamérica y prácticamente todos los rincones del planeta. Existen festivales, generaciones enteras de músicos y miles de bandas que construyeron su sonido sobre las ideas que Helloween ayudó a desarrollar.

La influencia de la banda puede medirse en discos, en músicos y en escenas enteras, pero también aparece en la reacción de un público cuando comienzan los primeros acordes de «Eagle Fly Free», «Future World» o «I Want Out». Ahí está el legado.

Helloween consiguió que la velocidad pudiera sentirse emocionante, que una guitarra pudiera sonar heroica, que una voz aguda pudiera transmitir fuerza y que una canción de metal pudiera hablar de libertad, sueños, fantasía y esperanza. Cuarenta años después, sigue siendo capaz de mirar hacia adelante mientras carga consigo toda su historia.

Quizás por eso su celebración tenga un significado tan especial para quienes aman el power metal. Cuando Kai Hansen, Michael Kiske, Michael Weikath, Andi Deris, Markus Grosskopf, Sascha Gerstner y Dani Löble aparecen juntos en un escenario, estás viendo cuatro décadas de una música que todavía quiere volar libre.

Luca Naveira

Luca Naveira

Melómano, cantante, fanático del metal en todas sus formas. Me parece importantísimo difundir y dar a conocer un poco más está expresión musical con tantas historias y mensajes.

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