Crónicas

Zamarbide en Córdoba: la metamorfosis del mensaje y la furia intacta

El legendario Beto Zamarbide se presentó en Córdoba una vez más, y dio una cátedra de heavy metal argentino en Club Paraguay.

Fotografías gentileza: Flor Ojo Rock

En un tiempo dominado por la figura del antihéroe (donde el cinismo y el desencanto parecen liderar tanto la cultura como los sistemas que nos rodean), volver a cruzarse con Alberto Zamarbide no es solo repasar la historia del metal argentino; es presenciar una lección de vida, evolución y resiliencia espiritual. Para quienes crecimos con el cassette, el CD o el vinilo sonando en la pieza, el Beto fue una de las voces fundamentales que nos enseñó a gritar.

En los años 80, junto a V8, puso en nuestra boca aquel himno visceral que fue «Destrucción». En aquel entonces, la respuesta ante el caos y la hostilidad de un sistema que acorralaba a la juventud era romperlo todo. Sin embargo, con el paso de las décadas, el verdadero acto de rebeldía de este legendario vocalista no fue quedarse estancado en la furia ciega, sino transformar el mensaje.

Desde la búsqueda espiritual de «El fin de los inicuos» (aquel disco bisagra y controvertido de V8) hasta la mística constructiva de Logos con emblemas como «Relámpago en la oscuridad» y «Ven a la eternidad», el Beto demostró que dentro del heavy metal también se podía edificar, sanar e inspirar sin perder un ápice de potencia.

Foto gentileza FlorOjoRock

De la pista al escenario

La gira aniversario de «El fin de los inicuos» tuvo su parada en Córdoba. Más precisamente en el ya clásico Club Paraguay, de barrio Güemes. Allí tuve el honor de integrar la comitiva de recepción junto a la fotógrafa Flor Ojo Rock. Desde que pisó el aeropuerto, el afecto de la gente se hizo sentir. Vimos desde fanáticos con discos históricos en la mano esperando una firma, hasta abrazos sinceros y esa calidez inquebrantable de la comunidad metalera.

Foto gentileza FlorOjoRock

Debido a imprevistos y retrasos en los vuelos, la logística nos obligó a movernos contrarreloj hasta el recinto. Aun así, la previa fue una fiesta de puro rock local. Viejo Motor encendió la noche con su rock and blues contundente. Primitive descargó toda su brutalidad a puro Death/Thrash. Y Kromo Sappien aportó toda la estética del Hard Rock ochentoso.

Mientras el lugar se colmaba, empecé a cruzarme con caras que no veía hace años. La atmósfera respiraba reencuentro. En las miradas de los presentes se notaba que no iban solo a ver un show: iban a viajar en el tiempo a su propia juventud y adolescencia.

El viaje conceptual: Furia, redención y caos final

Cuando el Beto subió al escenario, la arquitectura del setlist reveló una narrativa perfecta. Arrancar con la furia primigenia de «Deseando destruir y matar» y avanzar a través de los clásicos de V8 fue un golpe directo al pecho. Pero el recorrido no se detuvo ahí: la inclusión de temas clave de «El fin de los inicuos». como «La gran ramera» y el clímax espiritual de «Salmo 58» trazó una diagonal clara hacia la redención y el mensaje de luz.

Entre canción y canción, Zamarbide intercalaba relatos históricos. Por otro lado, recordó la generosidad y el papel fundamental de Ricardo Iorio en la composición de ese trabajo, como también la impronta técnica de Walter Giardino en su paso por la banda, y el trabajo indispensable de Miguel Roldán.

Foto gentileza FlorOjoRock

El Setlist

El bloque principal fue demoledor: «Deseando destruir y matar», «Tiempos metálicos», «Muy cansado estoy», «Si puedes vencer al temor», «Parcas sangrientas», «Cautivos de un sistema», » «Lanzado al mundo hoy», «Ideando la fuga», «La gran ramera», «Ciega ambición», «El fin de los inicuos», «Antes que los viejos reyes», «Salmo 58».

También hubo tiempo para los bises de rigor: «Como relámpago en la oscuridad», «No te rindas», «Desde el Oeste» y «Destrucción». Elevar la voz en medio del pogo colectivo con «Como relámpago en la oscuridad» para luego rematar la noche cerrando el círculo con «Destrucción» fue una jugada brillante: tras haber recorrido el camino de la búsqueda espiritual y la conciencia, volver a desatar el caos del cierre demostró que la furia no se apaga, sino que se transforma en energía consciente.

Foto gentileza FlorOjoRock

Como cantante del underground, no podía dejar pasar la oportunidad de despedirlo y expresarle mi profunda gratitud antes de su partida. «Beto, te admiro por tu mensaje, por tu fuerza y por predicar este camino de estar sano y positivo», le dije mientras nos fundíamos en un abrazo. «Ojalá pueda llegar a cantar con esta misma entrega a tu edad». Zamarbide, con la serenidad y humildad de los grandes referentes, me miró a los ojos y me dejó una máxima que me quedó grabada a fuego: «Hay que cuidar la maquinaria desde lo físico, desde lo espiritual y desde lo mental». Nos volvimos a abrazar en silencio.

Foto de celular (Pablo Lopez)

Con esa enseñanza de vida concluyó el paso de Alberto Zamarbide por Córdoba este 2026: la reafirmación de que el heavy metal no solo es volumen y velocidad, sino una fuerza viva capaz de mantener el alma, la mente y el cuerpo de pie frente a cualquier adversidad.

Agradecimientos especiales: A la producción de Hurling Metal por hacernos parte de esta vivencia desde el interior de la organización, especialmente a Pocho Andrade por la invitación y la confianza constante; y a todo el equipo de Leyendas Radio.

Crónica: Pablo Lopez
Fotografías: FlorOjoRock

Galería de Fotos:

Pablo López

Pablo López

Cantante, autor/compositor, cronista, gestor en derechos de músicos. Tengo conocimientos musicales varios pero elegí expresarme en el lenguaje del heavy metal.

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