Hipnotizados hasta ver doble: así regresó Pentagram a Argentina
Pentagram regresó a nuestro país en el marco de su gira de despedida, The Last Daze Tour Here in Latin America. Bobby Liebling junto a la formación de Pentagram que lo trajo de vuelta a la vida: Scooter Haslip en el bajo, Henry Vasquez en la batería y Tony Reed a cargo de las guitarras. La leyenda del doom metal regresó para ver a su fanaticada latina, y los shows que dieron reafirmó por qué la leyenda sigue viva.
Clásicos en una botella
Por Luca Naveira – Fotografías de Fernando Díaz
Cerca de las 19hs ya estaba llegando a Uniclub, lugar donde vi por última vez a Pentagram en su anterior visita. La gente llegó bastante temprano; ya se empezaba a llenar el recinto y las conversaciones y la cerveza inundaban el ambiente. Los muchachos de Sangre de Barro tomaron el escenario con potencia y entrega. Su sonido es visceral y mezcla elementos de metal, hardcore y stoner rock con una lírica y moral sacadas de la esencia del punk. La siguiente banda invitada fue Hërpes, que azotó el escenario con sus negras capuchas y un heavy metal crudo, empapado de esencia sabbatera y de varios elementos del heavy metal de finales de los 70.
El telón dejaba entrever a la figura principal de la noche. Al abrirse, la gente festeja y grita el nombre de Bobby, que saluda y sonríe brevemente para ser interrumpido por el riff de «Live Again». Esto enloquece al público, que salta desenfrenado y acompaña como coro al viejo cantante, quien desde la primera palabra demuestra su actitud excéntrica y la extraña sensualidad que lo caracteriza.

El set siguió con un clásico de la primera época de Pentagram, «Starlady», un tema inundado de los 70, pero con la potencia y el revestimiento de la banda que ahora lo interpreta. Su público conoce cada palabra de este clásico. El show se detiene y la gente corea el nombre del cantante a todo pulmón. Bobby se acerca al micrófono y pregunta: “¿Les gusta la noche? La noche es del Ghoul”. La canción que volvió a poner a la banda en el foco y que la llevó a la viralidad en 2024 comienza a sonar. Ese riff realmente se siente como si fuera a derrumbar Uniclub.
Gran parte de lo que hace que Pentagram sea una gran experiencia en vivo es la presencia en el escenario de Bobby. Realmente parece un ghoul. Su vestimenta, traída directamente de los 70, así como su actitud sobre el escenario, hacen que sea como revivir esa década que vio nacer a este estilo de rock y metal.






El show continuó recorriendo la primera época de la banda con temas como «Forever My Queen» y «20 Buck Spin», así como del álbum “Relentless” (1987), con «Sign of the Wolf», completando el set con varios temas de su último trabajo, “Lightning in a Bottle”. La intensidad no bajó durante todo el concierto. La gente estaba enajenada; había fanáticos de todas las generaciones pogueando y arengando. Tony y Bobby conectaron con los fanáticos desde el primer momento. Era como si se estuvieran encontrando con viejos amigos en una fiesta.
Comenzaron a tomar Jäger como si de agua se tratase. Incluso dejó que la gente agarre la guitarra mientras él tomaba, y todos gritaban para dar un final explosivo que terminó de coronar el festejo de la banda, que mostró incluso más energía y mejor sonido que en su última visita.

Fue el regreso de un músico que había quedado olvidado y al que trajeron de vuelta de su propia oscuridad. Esto le agrega una mística y otra connotación a esta última presentación, que se vivió de forma visceral y muy sentida por el público argentino.
La guarida del Ghoul
Crónica y fotografías por Facundo Rodriguez
Tuve una cierta sensación de arrepentimiento cuando se acercaba el domingo y ya había planificado no ir a Pentagram en Uniclub. Ya los había visto, ya los había retratado, había sido un show espectacular y memorable. Creo que ver a Bobby Liebling y sus secuaces en el escenario es un plato que puede repetirse cuantas veces quiera uno sin cansarse, pero prioricé otras cosas, a veces pasa. Por eso me llevé una sorpresa al enterarme que este año, volverían a hacer aquello que hicieron en el 2025: meter un show sorpresa en Club Cultural Bula a pocos días del oficial, con capacidad limitada. Y esta vez no me lo iba a perder.
¡Y encima, con Dragonauta! La banda local se me había mencionado muchas veces, pero nunca había tenido la chance de verlos en vivo. Considero que «Cabramacabra», su último disco, es de altísimo nivel. Y así fue como los vi en aquel subsuelo. Dieron un show de apertura espectacular, creo que aún más arriba de mis expectativas.



Un show en la guarida del Ghoul. Un evento casi a la altura del piso, con una tarima como escenario, en un subsuelo, para… ¿Doscientas, trescientas personas? Se respiraba otro ambiente. Más íntimo, más interactivo con el público. Las luces bien levantadas, los detalles cuidados hasta en lo más mínimo. El sonido, un lujo. La botella de Jaeger volvía a vaciarse.

El set fue el mismo que la noche anterior, la única modificación fue a favor de Bula, agregando «Be Forewarned» en el encore. Hubo una pausa porque Haslip cortó una cuerda, donde zaparon flashes de clásicos metálicos, sonando Black Sabbath entre ellos, desatando las risas del mismo Bobby sobre el escenario.
El nivel de fanatismo que maneja la gente, es casi un culto. Bobby es adorado por sus fanáticos. Lo malo de esto es que le ponían los teléfonos celulares adentro de las fosas nasales, masomenos. Lo bueno, es que se guardaban hasta las colillas de los cigarros que fumó cuando subió al escenario y cuando hicieron el cambio de cuerdas. La intimidad de Bula le da otra sazón a estos shows, como con The Obsessed y Marduk, la energía es más catártica, el ambiente se vuelve más hipnotizante.



Es más oscuro, en este caso, es más DOOM. Realza la escencia de lo que representa Pentagram en el género. Culto, cimientos, pilares con un tardío reconocimiento. Pero no te lo imaginás de otra manera. No los ves arriba de un escenario plagado de luces adelante de tres mil personas. Lo ves así, llenando cada bar y recinto de metaleros fanáticos, recorriendo el continente con el mismo éxito en todos los países. Somos pocos, y a pesar de lanzarse al éxito por volverse el «meme del momento» el año pasado, siguen siendo under.
Y eso está bien. Porque a juzgar por lo que ví el pasado lunes en Bula, estamos bien así.













