Crónicas

Invasión pirata en Buenos Aires: descontrol total de Alestorm en El Teatrito

El pasado 22 de marzo el Teatrito vivió una verdadera invasión pirata. La banda escocesa Alestorm desembarcó en nuestras costas con toda su artillería y convirtió un domingo atípico de Buenos Aires en un alocado festejo. 

Julian Ariaudo y sus marineros

Antes de que los capitaneados por Bowes coparan el recinto, el escenario fue tomado por los piratas patagónicos de Barloventos. La banda desplegó a sus nueve tripulantes en un escenario que quedó chico para tanto despliegue. Con un sonido nítido y una puesta en escena que nada tiene que envidiarle a bandas internacionales, Julian Ariaudo y sus marineros dieron cátedra de que en los mares fríos del sur también se hace folk metal. 

La respuesta del público fue explosiva. El Teatrito ya se encontraba con más de la mitad de su aforo cuando Barloventos daba su show. Los concurrentes cantaban y coreaban a la par de la banda, festejando las canciones y dando un gran recibimiento a los nativos de Viedma. Un clima perfecto, acompañado de piratas, patitos en la cabeza y mucho alcohol.

El momento del pato

Después de la gran presentación de los patagónicos, apareció uno de los personajes principales de la noche: el pato de hule gigante. Con obstinación inflaron al pato amarillo que casi no entraba en el escenario, no sin un coro constante de aliento.

El abordaje comenzó con el clásico «Keelhauled», y en ese instante el público empezó a saltar y bailar, algo que no dejó de hacer durante la aproximadamente hora y veinte minutos que duró el show. La energía de Bowes, Bodor Máté y Gareth Murdock, quienes estaban en primera línea, contagiaba a los espectadores y viceversa. Con su característica puesta en escena entre animación de eventos infantiles y tripulación pirata, los cinco corsarios desplegaron sus mejores armas. El trío de «Killed to Dead by Piracy«, «The Sunk’n Norwegian«, y «Ubezkitan«, elevó un pogo caluroso y alegre. Finalmente, llegaron al clímax (o a uno de los tantos de la noche) con «Mexico«.

Durante lo que duró el show, no hubo canciones que el público no acompañara con coros y cantos. Con la inconfundible actuación de Christopher Bowes, no había chance de no formar parte del espectáculo. Si se pudiera ver desde afuera, tanto público como banda, eran un show en sí. Canciones nuevas como «Banana» o algunas de sus más recientes lanzamientos como «Zombies Ate my Pirate Ship» o «Under Blackened Banners» fueron igual de festejadas. 

Hit tras hit tras hit

A partir de «Hangover«, que tiene como invitado al rapero Phil Philip, el setlist se convirtió en un hit tras otro. Con su tradicional row moshpit, llegó para bajar las pulsaciones «Nancy the Tavern Wench«. Sirvió solo para darnos un respiro, porque la última parte del show se dedicó a mantenernos arriba. En lo particular, haber escuchado en vivo «1741 (The Battle of Cartagena)» fue una experiencia que superó mis expectativas. 

El show terminó con los clásicos «Drink«, con un público que opacó la voz de Bowes; y las canciones cómicas «Wooden Leg!» y «Fuck with an Anchor». Como ocurre en todos sus shows, la banda se despidió al ritmo de «Rumpelkombo«, mientras arrojaban púas, y se sacaban fotos con el público. 

Se podrá decir, sin exagerar, que el domingo se convirtió en una fiesta absoluta. La diversión que transmiten estos cinco músicos arriba del escenario pocos la logran replicar. A la salida, tanto piratas como los que asistimos como civiles, nos encontramos hermanados, festejando una noche que no vamos a olvidar pronto.  

Rosario Árbol

Rosario Árbol

Escribo y sé cosas. Lectora adicta, coleccionista y fanática de Tolkien. Si es metal y oscuro, me gusta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *