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Veinte años sin Pappo: El legado inmortal del Carpo

Hace 20 años dejaba este plano una figura clave del Rock y la música pesada argentina

Pareciera que fue ayer cuando nos levantábamos con la trágica e inesperada noticia de que había fallecido Norberto «Pappo» Napolitano. Es que no fue solo un guitarrista excepcional, fue también un símbolo clave del Rock argentino, y con él se fue una parte grande de la historia de la escena nacional.

Hablamos de un artista cuya esencia reflejaba la rebeldía y la autenticidad del género. Desde sus inicios con Los Gatos de Litto Nebbia, pasando por Riff y el padrinazgo a V8, su encuentro con B.B. King o su última gran presentación en el Cosquin Rock junto a su alter ego, Charly Garcia, siempre fue un protagonista nato de la movida rockera. A pesar de que ya han transcurrido dos décadas de ausencia física, no hay dudas de que su impronta sigue intacta.

Sus primeros pasos

Desde sus inicios en la década del ’60, Pappo demostró ser un distinto. No por nada al día de hoy se lo considera la pieza basamental del Blues, del Hard Rock y del Heavy Metal en la Argentina. Fue el padre del Rock Nacional, Litto Nebbia, quien lo hizo ingresar a las grandes ligas al incorporarlo a Los Gatos, en reemplazo de Kai Galifi. Ahí el Carpo tocó todos los solos de guitarra de los discos «Beat Nº 1», de 1969, y «Rock de la mujer perdida», de 1970. Pero fue Nebbia quien grabó las guitarras rítmicas, ya que Pappo aún no dominaba algunos acordes de guitarra.

Luego de la separación final de Los Gatos, llega el momento de ser el líder de un proyecto, y por consejo del productor Jorge Alvarez, nace Pappo’s Blues. Sus compañeros son dos hoy históricos de la escena: Black Amaya en batería y David Lebon en bajo. Graban en aquellos años siete discos que son material de escucha obligatoria para cualquier amante del género, desde «Volumen 1» hasta «Volumen 7».

Su gira por Europa, donde entra en contacto con Lemmy Kilmister de Motörhead o John Bonham de Led Zeppelin, hacen crecer su figura y a su regreso comienza a ser convocado por los grandes referentes rockeros: Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo, Billy Bond, o Alejandro Medina, con quien luego formaría Aeroblues. Si bien este proyecto en aquel momento pasó casi desapercibido, con el tiempo adquirió el reconocimiento que merecía.

La hora del Heavy Metal: Riff y Widow Maker

Durante la llegada de la década del ’80, se produce un antes y un después en la escena del Rock Nacional. Tras un nuevo regreso de Europa, junto a Vitico y Michel Peyronel, el guitarrista decidió dar un giro radical a su carrera, dejando atrás el Blues, para adentrarse en un sonido más pesado y agresivo. Así el Carpo declara: «Adiós Pappo’s Blues, Bienvenido Riff«. Con la incorporación de Boff en guitarra rítmica y Juan García Haymes en la voz (que luego sería reemplazado por el propio Pappo), la banda debutó con el álbum «Ruedas de Metal» en 1981, consolidando el Heavy Metal como un nuevo género en el país. A pesar de la baja calidad de sonido del disco, temas como «No detenga su motor» y «Necesitamos más acción» lograron una gran repercusión. Todo esto respaldado por la potencia de sus presentaciones en vivo en el estadio Obras Sanitarias y otros escenarios de Sudamérica.

El impacto de Riff en la cultura rockera argentina fue inmediato. No solo por su estilo musical, sino también por la actitud desafiante de la banda y su público. Además Pappo decidió apadrinar a la que sería la banda pilar del Heavy Metal nacional: V8. Así logra meterlos en el festival B.A.Rock 82, que quedaría marcado en la memoria como el bautismo de fuego del Heavy Metal argentino. Los liderados por un joven Ricardo Iorio ganaron tanto seguidores como detractores, pero llegaron a estar en boca de todos. La simpatía de Pappo por el cuarteto lo lleva a participar del tema «Hiena de Metal», del primer álbum, donde mete un solo inolvidable.

Chau Riff, hola Widow Maker

Riff crecía en convocatoria a paso firme. En un multitudinario show en Obras graban el álbum en vivo «Riff en Acción». Sin embargo, la creciente violencia en los conciertos llevó a la banda a enfrentarse con las autoridades. Especialmente tras los disturbios en su recital en Ferro en 1983, que obligaron al grupo a pagar todos los daños ocasionados por una horda de melenudos con camperas de cuero y cadenas. A pesar de los intentos de moderar el ambiente con el lema «Riff acaba el año sin cadenas», la banda no logró frenar la intensidad de su audiencia. Esto eventualmente llevó a la banda a una carrera intermitente con separaciones y regresos con cambios de integrantes, hasta su disolución definitiva en 1986.

Hacia fines de la década del ’80, el Carpo viaja a Los Angeles para trabajar como mecánico y con la idea de armar una agrupación de Heavy Metal. Asi llega Widow Maker luego de reclutar tres músicos que respondieron a un anuncio que había colocado un diario de clasificados, ofreciéndose como guitarrista. En diciembre de 1989, luego de realizar una gira por los Estados Unidos, viaja con la banda a Argentina para tocar cinco shows en Buenos Aires en el local Satisfaction, con Hermética como teloneros, y otro en Mar del Plata al mes siguiente. Luego de estos exitosos shows, mientras el resto de la banda volvía a su país de origen, Pappo decidió quedarse en Argentina y liderar una efímera reunión de Riff en 1990.

No detenga su motor

Durante los años ’90s, Pappo continuó su carrera con proyectos solistas y nuevas formaciones de sus bandas más importantes: Pappo’s Blues y Riff, que lo posicionaron como una figura clave de la escena. Ser un guitarrista visceral, con una técnica inconfundible, lo llevó en 1993 al Madison Square Garden de la mano de BB King. Fue uno de los hitos de su carrera.

El emblemático guitarrista estadounidense había conocido a Pappo varios años antes, cuando en 1980 el argentino se acercó al camarin para regalarle una horma de queso. De ahí surgió el apodo como lo llamaba: «Mr. Chesse». Una década después fue telonero de su show en Obras. Aquella vez King quedó maravillado, y decidió que debían compartir escenario. Así lo invitó al Madison Square Garden al año siguiente. Al presentarlo expreso: “En 42 años de carrera conocí 68 países y grandes músicos de jazz, country y rock’n’roll. Esta noche tengo el orgullo de presentarles al mejor guitarrista de blues de Sudamérica. Desde Buenos Aires, Argentina, ¡Pappo!”.

Una personalidad con claroscuros

Desde entonces Pappo fue considerado uno de los número uno del Rock, el Blues y el Heavy Metal en castellano. Sin embargo, su vida siempre estuvo marcada por contradicciones: el humor mordaz y la camaradería, iban de la mano con un temperamento fuerte y episodios de violencia. Los mismos generaban tanto admiración como controversia. Su última etapa fue una síntesis de su esencia: irreverente y talentoso, sin filtros ni concesiones.

En Cosquín Rock 2005 se produjo (imprevistamente) el broche de oro de su carrera. Además de cerrar el recordado y lejano escenario Heavy, la misma noche que los legendarios Barón Rojo, un día antes se había presentado como Pappos y amigos en el escenario principal. Allí se permitió desafiar el protocolo del festival: extendió solos de batería, desafío a bandas emergentes, y protagonizó un episodio inolvidable con otro pilar del Rock argentino, Charly García, su extremo irreconciliable del Rock, con quien por años se lanzaron duros conceptos.

Respecto de la reconciliación, dicen que se dio en camarines más o menos asi: “¿Qué hacés Charly? ¿Por qué estábamos peleados nosotros?”. “No sé Carpo”. “¿Querés tocar conmigo?” .“Bueno, dale”. La versión de «Sucio y Desprolijo» que salió de ese instante es, hasta hoy, un testimonio del espíritu del Rock argentino en su forma más pura y espontánea. En tanto que las versiones de «Popotitos» y «Desconfío» también fueron impecables.

Al día siguiente reunió a Riff para explotar el escenario temático de Heavy Metal. Dieron un show histórico, que quedó grabado en la memoria de los miles de fanáticos presentes. Tal vez un cierre con un broche de oro para una carrera intachable. Aunque días después tocaría en Villa Mercedes, San Luis, y ya sí sería su última presentación en vivo.

Pero el «Carpo» no solo era música. Se trataba también de una personalidad magnética. En sus entrevistas, combinaba reflexiones sobre la vida con ocurrencias impredecibles, generalmente con un cigarrillo en la boca y una actitud de compadrito del Rock. «En algún momento hay que ponerse serio y responsable», declaró en 2004, aunque felizmente no lo cumplió del todo. Su legado está lleno de esas contradicciones: un artista brillante que nunca se domesticó, que vivió y tocó con la misma intensidad hasta el final.

Su muerte dejó un vacío irreemplazable en la escena musical. Compañeros y colegas como Luis Alberto Spinetta lo definieron con precisión: «Ángel y demonio a la vez». Litto Nebbia lo recordó como un joven brillante, «es una pena que se haya marchado trágicamente. Tenía mucho por hacer todavía», señaló. Por su parte otro de sus viejos amigos, Billy Bond, resaltó recientemente su bondad y espíritu de barrio. Desde Claudio Gabis hasta los Ratones Paranoicos, todos coinciden en que su talento y su personalidad lo convirtieron en un ícono irrepetible.

A veinte años de su partida, su música sigue siendo una referencia ineludible para quienes aman el Rock, el Blues y el Heavy Metal. Pappo fue un artífice de sonidos, un guitarrista legendario y un personaje que desafió los moldes con su propia ley. Su legado sigue vibrando en cada riff, en cada blues y en cada historia que lo evoca con la mezcla exacta de respeto, humor y nostalgia. Rockeros, blueseros y metaleros en general, hoy honramos su memoria y agradecemos su legado.

Agustin Di Mauro

Agustin Di Mauro

Licenciado en Ciencias de la Información (UNC), especializado en medios gráficos y digitales. Redactor y editor de Vientos de Poder desde 2012. ¡Más Judas Priest, menos Poison!

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