Crónicas

Catársis, quilombo y crítica social en Flores: Asspera y su convite metalero

La banda volvió al Teatro Flores y presentó «Crónica De Una Verg4 Anunciada» en un show que sigue poniendo en alto la vara en vivo de nuestro país.

Volvía a ser sábado. En Flores reinaba el negro. No resplandece. No busca llamar la atención, pero tampoco la evita. El negro se posa en la piel como un juramento. No necesita decir de qué lado está. Está. Y con eso alcanza. Camina entre la gente como sombra viva. No es luto, aunque a veces lo es. No es moda, aunque muchos lo crean. Es piel que no se muda. No tiene matices. No hace concesiones, no adorna. Lo vestimos los que decidimos no encajar. Los que nos cansamos y no aceptamos el ruido estéril del sistema. Lo visten las verdades de las que nadie quiere hablar. Es identidad, igualdad y anonimato a la vez.

El manto del Ejército Negro se posa en silencio. Pero no es un silencio común, hueco y resonante. Es el murmullo que llena aquellos espacios vacíos en el Teatro. Se escucha entre Pantera, Metallica y Sabbath. Es el silencio que está entre los que fuimos, los que somos y los que vendrán. Todos de negro, en silencio. La calma antes del pogo.

Las primeras luces

Las siete en punto quedaron atrás hace unas horas. Las 21 marca el reloj. El humor apacible del entorno se vuelve júbilo cuando las luces se encienden y la atención se dirige al telón escarlata. Allí están ellos. Al menos dos de ellos. «El cantante de Zorra» y «el guitarrista de Tarja Turunen», se presentan uno a otro.

Aplausos, gritos de apoyo, risas. Saludos y diálogos, bromas hacia el público. Se suman sus otros dos compañeros. Ahora son Richar, Rockardo, 3.14 («Tresca», para los amigos) y Nicogollo. Ahora son Asspera. Breves son las palabras, hay humor del malo (es decir, del bueno) y regalos de discos al público, logrando esa interacción previa al show que siempre tienen con sus fanáticos. Lo más importante, los avisos. El lanzamiento del nuevo disco en las plataformas digitales. Pedir que si uno se cae, lo levanten. Fundamental, el respeto. Y tener cuidado «con los amigos de lo ajeno», indica Julián. Así pasaron, sin darnos cuenta, 45 minutos. Y ahora vuelve a reinar el silencio. Pero duraría poco.

Pugliese, Pugliese, Pugliese

Si hay algo que caracteriza los rituales assperianos es el fervor con el que la vive el público. No existe un solo tabú. No se chifla ni se pelea por estupideces. Hay una sola bandera y es la bandera del anti-mufa. Es el lugar para desahogar la mala racha cotidiana, aquella que acontece en muchas de sus líricas, las rechazadas por los más puristas de la escritura. Acá el mensaje es otro. La crítica al presente, directa y entendible para todos. Y así empieza, con el telón abriendo y el segundo telón (un clásico en sus shows) cayendo. Asspera, impuesta en el escenario, sonando cada vez más fuerte y con esa base instrumental compleja y excelente. Las luces albicelestes dan el toque. Richar al frente, con un buzo desmangado, rezando en grande y de frente «666 ANTIMUFA». La apertura es «Crónica De Una Verg4 Anunciada», la protesta que nunca falta en sus discos hacia las altas esferas de poder.

Ganador queda en cancha

Siguió «Cagón», que reventó al público, ya instaurado, clásico, fijo en la lista, y dió paso a un estreno: un nuevo personaje del extraño multiverso de Villa la Verg4, el «Rey Celular».

La breve pausa de bienvenida como siempre y tras el tercer tema, da inicio al núcleo del show. «Berrinche y Cuenta Nueva» fue sucedido enteramente por clásicos: «La Puntita», «Partiendo Cabezas», «Tarifazo», «En Bruto», «Si Ya Se», «El Peaje Más Caro del Mundo» y «Me Cago», donde se sumaban los coristas, Buitre y Terro, con Leonardo, ahora caracterizado como el Rubio Salvaje, repartiendo tarifazos, cobrando peajes, revoleando higiénico. Buitre, principal entretenedor, cambia de disfraz entre el Dinogarca y el Indio Solari, metiendo el estribillo de «Jijiji» al final de «Si Ya Sé». Una serie de eventos que mantienen la clave bizarra y cómica. Entre risas y metal.

Sin garantías

En la segunda parte del show, Asspera volvió con lo nuevo. «Sin garantías» abrió el tercer bloque del show, dando ingreso a otro personaje más, nuevamente caracterizado por Buitre: el rolinga armoniquista. A dueto con Rockardo durante todo el show, tras un solo en conjunto siguió «El Barrio Proveerá», muy bien recibido y agitado por el público. «Gambeta» dió otra inyección de adrenalina antes de «Jesucrypto», dando bocanadas de aire entre el descontrol.

El público era un electrocardiograma: bajaba entre tema y tema la intensidad del pogo, sin dejar de corear con los brazos en alto. Así pasó con «Marolio» cuando Marolito subió al escenario, acompañado nada más ni nada menos que Chowy Fernandez, a quien presentaron como «el segundo mejor guitarrista del país», intérprete de un increible solo de guitarra y del headbang más pesado de la noche.

Siguió la ya viral y polémica «Rotopercutor» en su versión clásica, no aquella de TN que puso en censura a la banda, y luego «Aserejé y Pedro», el nuevo anticover de Asspera. Si bien Tarja Turunen no estuvo presente, su visual animada fue protagonista en la pantalla, mientras que en escenario Richar encarnaba al Papasspero, quien coreografiaba la clásica canción de Las Ketchup mientras que debajo se producía un insólito, voráz y tremendo pogo.

Lo viejo funciona… los covers también

Llegaba el final del show. No faltaba mucho, la lista ya llegaba a su fin. Y aquí comenzaba el desquicio. «La Poneta» abrió esta última parte y se pegó directa al que tal vez sea el mejor tema de la banda, por escándalo. «Hijo de Put4», como es costumbre, resonó con la mayor de las energías de la noche. La particularidad es que el levanté de puños e insultos no acompañó el cierre: fue pegado, directo, a «Lloviendo Estrellas», otro anticover y colaboración de la banda con Cristian Castro (que quedó fuera del disco por inconvenientes de publicación).

Siguieron los covers. «Violeta», «El Hijo de Cuca» y «La Motito de Carlitos». Eso fue lo último antes de la foto. Y lo más importante, para el final.

La importancia de lo no importante

Al fondo del recinto, el negro aún reinaba. La presencia de aquellos que observan impertérritos el show, desde donde las luces no llegaban, dominaba el ambiente. Sonaba «Pogo al Corazón», pero allí había silencio. Delante mío, y de mis pares, se erguía un sauronita. Ya lo había visto antes. El único que vi esa noche. Recordé, claro. El día anterior se había cumplido otro aniversario de la partida de Larralde. La fecha había quedado justa. Y la canción no iba a dejarlo de lado. Al igual que el año pasado, el Pato apareció en pantalla.

El sauronita rompió el silencio. Alzo su puño, que mutaba entre una inquebrantable palma abierta, cuernos y el puño nuevamente, gritando a todo pulmón. ¿Qué gritaba? No pude saberlo. El sonido que venia se mezclaba con el que iba, pero el lamento, y la nostalgia, eran claros. Aquel que estaba a su lado palmeó su hombro. Un apretón, un abrazo. Un consuelo. Lo más importante de la noche.

Entre risas y metal

Así pasó otro show de Asspera en el Teatro Flores. Como siempre, una puesta en escena en vivo impecable. El sonido no falla, las luces y los vestuarios mejoran con el paso de los años. La marca registrada es imposible de replicar. Creo que son los únicos que hacen esto porque todos saben que es prácticamente imposible copiarse sin plagiarlos. El equilibrio que ponen entre metal pesado, buenas composiciones, una base instrumental espectacular y el show en vivo, hacen de la banda una de las mejores de la escena. Cabe destacar que además de Chowy Fernandez, los Lorihën también estuvieron en el show. Si bien no tocaron, Emiliano Obregón llegó a subir al escenario para saludar, y con esas palabras finales lo cierro: «pensar que esto empezó hace años con el sueño de dos locos. Hoy son una de las bandas más grandes del país

Crónica y Fotografía: Facundo Rodriguez (Shots By Far)

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Facundo Rodriguez

Fotógrafo y redactor. Aficionado al cine y los viejos FX. Fana de los cómics y todo lo que pegue bien con el metal.

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