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Dream Theater en Buenos Aires: tres actos, cero errores y una noche histórica

La escenografía en sí ya era una declaración de intenciones antes de que sonara la primera nota. Una cama blanca antigua, del siglo pasado, como sacada de «El Exorcista» en el medio del escenario. Cuervos atravesaban en loop un bosque muerto proyectado en el fondo. Paredes de madera oscura cerraban el espacio. Faroles de ambos costados, creando la sensación de estar atrapados dentro de una pesadilla colectiva.

Acto I: pesadilla en la calle Humboldt

El inicio de la noche y el acto que nos presentaría el nuevo disco en su totalidad inició con una animación que mostraba a un personaje durmiendo, vigilado por una presencia con oscuras intenciones. A las 21:00 en punto, todo estalló con «In The Arms of Morpheus». Los gritos llenaron el Movistar Arena. Quedó claro desde el primer acorde que esta noche Dream Theater había venido a mostrar su cara más oscura.

«Night Terror» trajo consigo la aparición de James LaBrie. Detrás de su pie de micrófono (decorado con tres cabezas que parecían sacadas del purgatorio) encendió aún más al público. Detrás de él, la maquinaria funcionaba con precisión quirúrgica. Mike Portnoy detrás de su Tama morada de triple bombo, John Myung con su bajo MusicMan de seis cuerdas, Jordan Rudess al mando de su sintetizador Korg y John Petrucci haciendo lo suyo con su MusicMan Majesty. Una formación que no necesita presentación pero que igual impresiona verla en acción.

Imágenes de guerra, militares en movimiento y lluvia de sangre tiñeron el escenario de rojo para dar paso a «A Broken Man». Las luces subrayaron cada momento dramático con una precisión que no dejaba dudas: cada detalle de esta producción estaba pensado. LaBrie desapareció del escenario al finalizar el tema, dejando el terreno para «Dead Asleep». Fue ejecutada entre humo, imágenes perturbadoras y una batería que golpeaba con toda la agresividad del caso. Su regreso al escenario, corriendo y cantando, disparó la euforia nuevamente. Lo que vino después, «Midnight Messiah», terminó de desatar a la multitud: pogo en todo el campo, humo por todos lados y una intensidad musical que no daba respiro.

El contrapunto llegó con «Are You Dreaming?». Un interludio breve e intimista ejecutado por Rudess que arrancó aplausos genuinos y abrió paso a «Bend the Clock». El tempo bajó, el público encendió las luces de sus celulares y el estadio se transformó por unos minutos en algo parecido a un campo de luciérnagas. La emoción no decreció, simplemente cambió de forma.

El cierre del primer acto llegó con «The Shadow Man Incident». Un personaje de campera oscura apareció en un rincón del escenario observando en silencio a la audiencia. Para ese momento, la banda llevaba más de una hora tocando de corrido, sin pausas y sin un solo error perceptible. Un video con referencias a «Metropolis Part 2: Scenes from a Memory» cerró la primera parte con un simple mensaje: “wake up”.

Acto II: imágenes y palabras

Una cinemática cargada de nostalgia recorrió la discografía de la banda desde «When Dream and Day Unite» hasta el álbum homónimo de 2013. El terreno estaba preparado para «The Enemy Inside». La energía volvió de lleno con el público encendidísimo y una banda que parecía no haber salido del escenario en ningún momento.

«A Rite of Passage» fue el momento de Rudess. Tres solos consecutivos (dos desde su Korg, uno desde su tablet) dejaron en claro que la creatividad de este músico no reconoce fronteras. La transición hacia «Through My Words» fue casi natural, con LaBrie mostrando una faceta más delicada que el público coreó de principio a fin. La calma duró lo justo. «Fatal Tragedy» llegó con velocidad, fuerza y una progresión que en vivo sonó incluso más orgánica y más rápida que en disco.

«The Dark Eternal Night» mantuvo el nivel sin concesiones. Con casi dos horas de show encima, las luces, los efectos y la precisión de la banda seguían intactos. «Peruvian Skies» incluyó un medley sorpresa con «Wish You Were Here» de Pink Floyd y «Wherever I May Roam» de Metallica. Antes de desembocar en «Take The Time», donde en un momento del tema, Portnoy cantó y tocó la batería al mismo tiempo, como si eso fuera algo sencillo de hacer.

Acto III: cuatro estaciones

Un fragmento de La Sociedad de los Poetas Muertos apareció en las pantallas. La escena del carpe diem con Robin Williams para darle paso a «A Change of Seasons». Quizás, el momento más ansiado de toda la noche. El frontman cantó como si cada palabra le perteneciera, y Portnoy tocó con una intensidad que tenía nombre propio. Este tema está ligado a la muerte de su madre, y se notó en cada golpe. Las cuatro estaciones se proyectaron en el fondo mientras la música atravesaba tiempos y progresiones con una naturalidad que solo se consigue con décadas de oficio. Fueron tres horas cargadas de emociones, sonidos y sentimientos como nos tienen acostumbrados, Dream Theater había cerrado una noche que difícilmente se olvide.

Crónica: Darío Sosa
Fotografías: Facundo Rodriguez (Shots By Far)

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Dario Sosa

Dario Sosa

Redactor. Pseudo coleccionista de música en formato físico. Fan del cine de los 80's/90's. Más bostero que sacar la pelopincho a la vereda. Heavy Metal Maniac.

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