Ricardo Iorio, caudillo nacional: poética de la resistencia

Escribo esta necrológica con la temporalidad del momento, con la inmediatez de la sorpresa y la aflicción de quien ha crecido escuchando las canciones de V8, Hermética y Almafuerte. Sabrán disculpar, entonces, si acaso se trasluce un tono taciturno, una cadencia triste, en estas las palabras que vayan a él su recuerdo, vindicación y homenaje. ¿Será esta, pienso en voz alta, una necrológica de Ricardo Iorio? ¿Esto es un homenaje de quien ya no está con nosotros? En algún punto, metafísica y materialmente, sí. Pero, en otro, ontológica y espiritualmente pienso que no. Que sería un contrasentido dar por finalizada una vida que deja la estela de un universo atiborrado de una poética de la resistencia.

Trataré de esbozar algunas palabras que traten de hacer justicia al recorrido de un hombre que dedicó su vida al Metal Pesado, y a la construcción de un mundo de sentido, vinculado a la búsqueda de una verdad inclaudicable: el ser-auténtico.

Un hombre fuera de su tiempo

Criado en las calles de Caseros, provincia de Buenos Aires, Ricardo Iorio nace en el seno familiar de una familia obrera. Su padre se ganaba la vida vendiendo frutas y verduras en el mercado central. Ya, desde entonces, Ricardo Iorio, cuenta en una de sus últimas entrevistas desde los verdes y apaciguados terruños de su casa, que comenzó a buscarse trabajo en su adolescencia para poder despegarse de su viejo, que lo hacía laburar muchas horas y “apenas le tiraba unos mangos”.

Su curiosidad por la música empezó desde muy joven. Sin embargo, su carrera como músico se localiza claramente con la fundación de la banda inaugural de metal pesado en todo el cono sur: V8. V8 fue el punto de inflexión para la cultura musical de toda hispanoamérica y la producción de heavy metal en español. A nivel local, V8 emerge como un bloque gigante y poderoso de auténtica reacción ante una ya asqueada cultura musical comercial. Una displicente con todos los poderes del momento: la dictadura, la oligarquía, el capital internacional. Si bien un ya potente y consolidado Riff había allanado y trazado un camino de transición del Rock al Heavy Metal, merced a influencias musicales que brotaban de la escena del rock inglés, V8 termina por explotar y constituir el sensorium metalero de la época.

El sonido pesado y la lírica combativa y agresiva de V8 comenzó rápidamente a interpelar a un sector plebeyo de la juventud argentina. Una juventud descontenta con la dictadura, y hastiada del hippismo careta clasemediero, lograba identificarse con la banda. Esto debido a que hallaban en ella una forma y un bloque de resistencia cultural frente al contexto altamente represivo desplegado por el gobierno de facto. “Basta ya de engaños / el presente es dolor. / Y yo vivo, la realidad / y de ella, es mi reacción. / Pues estoy cansado del llanto, que nunca algo me dio, de la calma, y la paciencia, ante la represión» (“Momento de luchar” – V8).

Con la disolución de V8, vendrán los tiempos de Hermética. Esta etapa está marcada por la precisión de una pluma que supo poner en palabras el descontento de los de abajo. Del pueblo trabajador y los menesterosos y parias de siempre. “Bestia humana que duermes aún / De la cuna al ataud. / Extraviada del rumbo a seguir / Por ignorar que no existe el fin / Del que escapar” (“Gil trabajador”- Hermética).

Sería imposible poder describir aquí la poesía más excelsa que nos dio la cultura argentina en la música nacional. Pero me atrevo a esbozar, apresuradamente, una trinidad autoral unida por la calidad poética y el objeto de su poesía: el ser-nacional, la resistencia y la soledad. José Larralde, Atahualpa Yupanqui y Ricardo Iorio. Sé que es arbitraria y se queda corta, porque cómo olvidar el ser desgarrado de Cátulo Castillo y Homero Manzi. Aquel sujeto político de tango, el inmigrante abigarrado del siglo XX, pobre y miserable. Ricardio Iorio también recupera esa tradición y la hace propia. Incluso con reinterpretaciones tangueras como “El desencuentro” o versiones propias como “La llaga”, de Almafuerte. Alli la impronta tanguera y el desgarro nostálgico se expresan con la pluma más excelsa. 

Almafuerte significó un giro, si no de 180 grados, sí de ciertos cambios en los modos en que se va labrar la poética de la resistencia. Debe quedar claro: la resistencia es una constante del caudillo. Pero aquí la centralidad del ser-nacional comienza a arreciar con más fuerza respecto de sus producciones precedentes.

 

“Pobre de él / El orejero cipayo del patrón / De quien decreto o palazo manda / Sean ley. / Por mantener a resguardo el botín / De los que matan con hambre a la nación» (“Por nacer” – Almafuerte). 

Habrá, desde luego, obras maestras como el “Pibe tigre” o “Por nacer”, que siguen la línea combativa de Hermética. Y al mismo tiempo comenzará a emerger una poética de una suerte de bucólica nacional. La “patria, bandera y sentir nacional”, cuya cumbre se expresa paradigmáticamente con «Toro y pampa».

Sería imposible en esta nota poder sintetizar, lacónicamente, una de las plumas más prolíficas y excelsas de la escena nacional. Pero sí hay algo que me gustaría que quede claro: Ricardo Iorio fue siempre un hombre fuera de su tiempo. Cuando reinaba el jipismo regalapatria exportado directamente desde EE. UU, Iorio, desde V8, le pone cuerpo y palabra a la violencia de la dictadura (la misma que condena en la entrevista del Presto, aún en sus ya postrimerías reaccionarias, espetándolo a éste por su negacionismo).

Con Hermética, cuando el saqueo y el vaciamiento del país era la orden mundial de la nueva etapa del capitalismo neoliberal y de consumo, le da consistencia a un sujeto político olvidado y postergado: la clase trabajadora. Con Almafuerte, aún a contratiempo, en períodos de estupidez supina, relativismo cultural, individualismo y posmodernismo tardío, Iorio nos arrima un voz auténtica de compañerismo, solidaridad y valores de lealtad que quedarán por siempre jamás en la memoria de los que no transan con el poder. 

Una disputa nacional: la resistencia es de los de abajo

Si quisiéramos ser ecuánimes con la figura más importante del Metal Pesado en América Latina, no podemos no mencionar su alicaído devenir en su último tiempo. Entre algunas declaraciones desafortunadas, tuvo encuentros con figuras del entreguismo nacional. Con esos profetas del mal y los entronizadores de la patria chica, como decía Jauretche. Y no faltarán los personajes tristes y oblicuos, que aprovecharán estas contradicciones para despegar su impugnación. Todo en una época donde la cultura de la cancelación despliega sus pulsiones más cobardes, miserables y fascisotides. De mi parte, prefiero no incurrir en tamaña cobardía, y asumir que las personas impolutas y perfectas son un muñeco de paja o fantasías del progresismo tardío.

Las contradicciones son parte ontológica del ser humano, y una figura exponencial y gravitacional como la de Ricardo, no iba a estar exenta. Como tampoco lo estuvo Maradona, Piazzolla o el Colorado Ramos. Este último terminó en una triste y anónima embajada en el gobierno de Menem en las postrimerías de su vida, después de haberle dedicado todo a la construcción de nación popular latinoamericana. Como decía Mariano Moreno, en los barrios de la Historia no hay lugar para la prístina conducta de los reyes. Iorio nunca fue un rey. Fue un caudillo manchado de barro, como sus pares el Chacho Peñaloza, Martín Miguel de Güemes y Facundo Quiroga. Atiborrado de contradicciones, de idas y vueltas.

Aunque ahora aparezcan los profetas del mal, como Victoria Villarruel, esgrimiendo fotos con Iorio, por aquiescencia plebeya, por tradición popular y por sentimiento metalero, Iorio es de los de abajo, de los menesterosos y los postergados de esta tierra. Nunca, jamás, de los negacionistas ni de los regalapatria. Ahí quedará por siempre su poesía de la resistencia. De no entregarse cuando todo el mundo te dice que lo hagas, de no venderse en tiempos donde todo parece convertirse en una mercancía, no de replegarse en períodos de individualismo rampante y acercarse a quien necesita una mano. 

“Esta canción quiere tu nombre llevarse

Como se lleva mi voz

Para que guarde quien siente”.

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Nicolas Alabarces

Licenciado en Letras (UNC) y actualmente becario CONACYT en Filosofía Política por la Universidad Autónoma de México (Xochimilco). Tomado completamente por las cadencias malaleche, escucha Metal desde chico, cuando un amigo le pasó un cassette con canciones de Maiden, Hermética, Slayer, Metallica y Sepultura.-

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