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El lado oscuro de David Lynch

Los vínculos entre su producción cinematográfica y la música extrema 

Quiero utilizar este pequeño pre-texto para adelantar una serie de producciones que, en adelante, voy a tratar de estimular/producir en esta sección dei informes de Vientos de Poder. En una palabra, intentaré establecer zonas de contacto entre el black metal entendido como género radical y disruptivo, en suma, cómo máquina de odio, y otras variantes estéticas (novelas, cuentos, poesía, films, pinturas, series, etcétera), siempre sobre la base de la siguiente tesis-fuerza que guiará y orientará nuestras lecturas, a saber: propiciar, producir y maquinar la sedición total y completa de Este-Mundo. 

En esta primera ocasión, nobleza obliga, me gustaría conceder este apartado para dedicárselo a la fabulosa obra cinematográfica y artística de David Lynch, quien falleciera hace sólo unas semanas atrás. Vaya aquí su homenaje. 

Un breve pre-texto: pensar el black metal como máquina de odio y más allá de lo musical

“¡Oh, dioses de la noche!

¡Oh, dioses de las tinieblas, del incesto y del crimen,

de la melancolía y del suicidio!

¡Oh, dioses de las ratas y de las cavernas,

de los murciélagos y de las cucarachas!

¡Oh, violentos, inescrutables dioses

del sueño y de la muerte!”

(“Informe sobre ciegos” en Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sábato: 249)

Aunque no resulte algo evidente a primera vista, las conexiones entre el metal y, particularmente, el black metal con otras formas, expresiones y artefactos estéticos y culturales suele ser bastante más recurrente de lo que creemos. Sobre todo si nuestro punto de partida es el siguiente: el black metal se reduce tanto menos (y exclusivamente) a una variante musical con unas formas estéticas vinculadas a lo satánico o a lo oscuro (aunque suela ser su componente estético más recurrente) cuanto a una enunciación teórica y pragmática de lo terrible, de lo ominoso y de lo de destructivo. 

Esta premisa es la tesis-fuerza de un ensayo en ciernes en el que intento vincular la filosofía del odio y antivitalista con el black metal. Bajo esta premisa, entonces, nos resulta una plataforma operativa para ver cómo se manifiesta esta potencia inherente al género con otras expresiones estéticas y culturales, como el cine, la literatura, la arquitectura, el teatro, la pintura o incluso, aunque resulte un contrasentido, con otros géneros musicales diametralmente opuestos a la estridencia blackmetalera. El diktat que los aúna a todos ellos, aun con sus especificidades y sus siderales diferencias, es subsecuentemente el mismo, a saber: propiciar la destrucción y la sedición total de Este-Mundo, tal y cual lo conocemos y, por lo mismo, combatir cualquier atisbo vitalista que propugne su reproducción y su permanencia.

La singularidad del universo lyncheano

Hay algo profundamente magnético y misterioso en la filmografía lyncheana. David Lynch ha hecho más de lo que pensamos por la estética noire. Nadie podría negar, además, salvo algún disperso detractor (que nunca faltarán), que ha labrado y constituido, a lo largo de toda su carrera, una impronta artística y una singularidad irreductible que ciertamente ha polinizado y semitoizado otras variantes de gran valor, pero cuya obra ha sido irrepetible.

Esto es imposible no pensarlo a partir la particular perspectiva lyncheana y de su insistencia de huir y escapar de la tan mentada causalidad expresiva del cine de imagen-acción (concepto que el filósofo francés Gilles Deleuze utiliza para referirse a la vasta producción hollywoodense de la industria cultural) para hacer prevalecer la pregunta ante la certeza narrativa, lo oscuro ante la claridad argumental y la imagen-tiempo ante la imagen acción. Un cine, en suma, donde prevalezca la incógnita y que inste y compela a quien lo ve a poner en marcha la compleja máquina hermenéutica e interpretativa. Es en ese trabajo exegético donde la película se pliega sobre sí misma para, al menos por un momento, fundirse con nuestros instintos más oscuros.

El oscuro vínculo entre el metal y las atmósferas del terror

Siguiendo con nuestro argumento, es imposible no trazar un puente entre estas expresiones artísticas. Por un lado, las atmósferas oscuras de películas, series o historias de terror se construyen sobre paisajes inquietantes, donde lo cotidiano se transforma en algo siniestro. Por otro, el death metal toma esa oscuridad y la convierte en sonido, materializando lo ominoso en forma de riffs opresivos y ritmos que emulan un corazón latiendo en el umbral de la muerte.

La conexión no está solo en la temática de las letras —muerte, ultratumba, ritos oscuros—, sino en el sentimiento que despiertan. Tomemos como ejemplo a bandas como Death o Morbid Angel, que lograron canalizar un sonido que es, por naturaleza, perturbador. Su música, como las obras de David Lynch o Clive Barker, no busca un solo artista; busca incomodar, abrir una ventana a lo desconocido y obligar al espectador o al oyente a confrontar aquello que teme.

El black metal o el death metal comparten con el terror una cualidad distintiva: ambos dislocan la tonalidad de la realidad, esto es, rompen la comodidad de lo esperable. En lugar de melodías placenteras o narrativas lineales, presentan caos, disonancia y tensión. Escuchar un disco como «Leprosy» de Death es adentrarse en un abismo sonoro donde cada riff evoca imágenes de descomposición y decadencia, mientras que el bajo retumba como si proviniera desde lo profundo de la tierra. Desde luego, hay aquí un referencia sonora evidente, pero excede con creces dicha experiencia musical.

La estética como narrativa

Es interesante cómo estos dos mundos se cruzan también en lo visual. Las portadas de álbumes icónicos del black y el death metal podrían perfectamente ser fotogramas de una película de terror de los años 80. Desde los cadáveres en paisajes desolados hasta escenas de rituales oscuros, estos géneros extremos del metal no se limitan a la música: construye un universo visual que amplifica. la experiencia.

¿Por qué esta conexión nos resulta tan potente? Quizás porque ambos géneros, el death o el black metal y el terror, hablan directamente al inconsciente. Mientras que las narrativas de Lynch se filtran en las dimensiones oníricas más oscuras, el black metal lo hace desde la fisicalidad: el retorno del bajo, la velocidad de la batería y la crudeza de la voz nos atraviesan, creando una experiencia que no solo se escucha, sino que se experimenta con todo el cuerpo: es decir, un sensorium.

En última instancia, tanto el death y el black metal como el terror comparten un objetivo común: nos enfrentamos a nuestros miedos más primarios, nos sumergen en paisajes donde la muerte, la decadencia y lo desconocido son protagonistas. Ambos nos obligan a mirar al abismo y, en lugar de apartar la mirada, nos invitan a abrazarlo, aunque sea por un rato.

Lynch después de Lynch: los vínculos directos de David Lynch con el metal

Desde su estreno en 1990, Twin Peaks ha dejado una huella indeleble en la cultura popular, redefiniendo las posibilidades de la televisión con su atmósfera enigmática, su narrativa surrealista y su inconfundible banda sonora (con la fantástica “Intro” a cargo de Ángelo Badalamenti). La serie de David Lynch y Mark Frost no solo influyó en el cine y la televisión, sino que también se convirtió en una fuente de inspiración para numerosos músicos, incluyendo a diversas bandas de metal que han canalizado su esencia en sus composiciones.

A lo largo de los años, agrupaciones de múltiples subgéneros han encontrado en Twin Peaks un punto de referencia para desarrollar sonidos y temáticas cargadas de misterio. En el power metal, Nightwish ha reflejado parte de su estética onírica en sus melodías, mientras que en el doom metal, Electric Wizard ha incorporado elementos sonoros que evocan la atmósfera inquietante de la serie. Por su parte, el black metal ha visto en bandas como Circle of Beings o los checos Ulver una expresión de sus paisajes sonoros más oscuros, mientras que el metal industrial ha sido explorado por grupos como Nine Inch Nails, quienes incluso llegaron a participar en la continuación de la serie en 2017.

Dentro del thrash metal, uno de los exponentes más emblemáticos del género y del big four, nada menos que Anthrax, plasmó la influencia de la serie en su canción “Black Lodge”, una referencia directa a uno de los lugares más enigmáticos del universo de Twin Peaks

Asimismo, el shock rock de los años 90 también abrevó de esta fuente; en este caso, con Marilyn Manson, uno de los artistas cuya obra ha reflejado la estética y el tono perturbador de la serie, con temas como “Apple of Sodom”.

Desde la melancolía de sus paisajes sonoros hasta la profundidad de su simbolismo, Twin Peaks, en particular, y David Lynch, en general, han logrado trascender su medio original, y esto se puede advertir en la semiosis infinita de artefactos que han generado. A continuación dejamos otras referencias directas de esta celebérrima serie del universo lyncheano con el metal.

En Blind Guardian hay dos referencias directas a Twin Peaks, a saber: la canción que abre el disco, «The Ninth Wave», y la introducción a «Sacred Mind», cuya sintagma es la histórica leyenda «Fire walk with me», palabras que aparecen pintadas con sangre en el vagón de tren abandonado donde sucediera el evento de Laura Palmer (trato de ser lo más cauteloso para no adelantar eventos argumentales).


Lo mismo sucede con la banda de avant-garde metal, Fantomas (Mike Patton, Dave Lombardo, Buzz Osborne y Trevor Dunn), quienes reversionaron la “Intro” de Badalamenti en su disco The Director’s Cut, con el tema “Fire Walk with me”.

Cerramos estas líneas agradeciendo a David Lynch por su legado y por su intachable trayectoria. No hay dudas de que ha sido uno de los directores más influyentes en la historia del cine. Nadie ha podido replicar y generar un universo estético de lo oscuro, lo misterioso y lo esotérico como lo ha hecho este genio del séptimo arte.

Nicolas Alabarces

Nicolas Alabarces

Licenciado en Letras (UNC) y actualmente becario CONACYT en Filosofía Política por la Universidad Autónoma de México (Xochimilco). Tomado completamente por las cadencias malaleche, escucha Metal desde chico, cuando un amigo le pasó un cassette con canciones de Maiden, Hermética, Slayer, Metallica y Sepultura.-

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